Hay discos que parecen surgir de entre los restos de todo aquello que casi impide su existencia. Tras años marcados por pérdidas, continuos cambios de formación y una persistente sensación de inestabilidad, Metal Church logra ponerse de nuevo en pie con “Dead to Rights”, un trabajo que no solo trata de avanzar, sino también de reconstruir su identidad sin renunciar a ella.
La trágica muerte de Mike Howe en 2021 dejó una herida muy difícil de cerrar, así como un duelo que aún sigue presente. Este golpe, sumado a la posterior inestabilidad en el puesto de vocalista, parecía empujar al grupo hacia un futuro incierto. Sin embargo, Kurdt Vanderhoof vuelve a erigirse como pilar fundamental, reuniendo una alineación con nombres de peso como David Ellefson al bajo, Ken Mary a la batería y Brian Allen como nuevo cantante. Sobre el papel, el potencial es enorme; la cuestión es si eso se traduce en temas memorables o en un intento de resurrección que no termina de cuajar.
La inicial “Brainwash Game” deja claras las intenciones de esta nueva etapa de Metal Church: riffs sólidos, ritmo directo y una lírica centrada en la manipulación mediática. Funciona como apertura, aunque también deja entrever una de las debilidades del LP: la voz de Brian Allen cumple, tiene actitud, pero rara vez sobresale dentro de los cortes. Además, resulta inevitable no echar en falta la presencia de Mike Howe.
Mucho más convincente resulta “F.A.F.O.”, donde la banda alcanza uno de los momentos más contundentes del álbum. Breve, agresiva y sin concesiones, conecta de lleno con la vertiente más cruda del grupo. La base rítmica formada por Ellefson y Mary actúa con precisión quirúrgica, aportando un peso que se queda grabado desde la primera escucha. Thrash de muchos quilates.
Precisamente es Ellefson quien gana protagonismo en la homónima “Dead to Rights”, una composición en la que el tempo desciende para dar paso a un groove más marcado. Aun así, puede pecar de alargarse en exceso, estirando la idea principal más de lo necesario.
A partir de aquí comienza a percibirse cierta irregularidad que, por desgracia, marcará buena parte del disco. Por ejemplo, aunque “Deep Cover Shakedown” y “The Show” aportan variedad —especialmente esta última, con cambios de ritmo interesantes—, sus desarrollos no terminan de explotar todo lo que prometen y da la sensación de que perderán fuerza tras pocas escuchas.
El tramo central es, en mi opinión, el más problemático. “Feet to Fire” cae de lleno en clichés del metal americano más genérico, y además la interpretación de Allen suena algo forzada y, por momentos, poco natural. Algo parecido ocurre con “No Memory”, un tema que no acaba de despegar y que se queda a medio camino entre la agresividad y la melodía.
Afortunadamente, el disco ofrece algunos repuntes. Destaca especialmente “Heaven Knows (Slip Away)”, un auténtico cañonazo donde la banda introduce una dinámica más fresca y que gana enteros con cada escucha. Tras una correcta “Wasted Time” (sin demasiado que añadir), “My Wrath” recupera cierta energía thrash que, aunque llega algo tarde, al menos deja un mejor sabor de boca en el tramo final.
Para quienes se hagan con la edición Deluxe, se incluye el bonus track “Blood and Water”, que aporta un tono más épico y oscuro, aunque tampoco está destinado a convertirse en un clásico dentro de su repertorio.
CONCLUSIÓN
“Dead to Rights” es un trabajo honesto con el que estos renovados Metal Church demuestran que siguen en pie… aunque todavía con margen de mejora en el apartado compositivo.
A nivel instrumental, hay poco que reprochar. Vanderhoof y Rick Van Zandt mantienen intacto el músculo riffístico, mientras que la base rítmica —con un sobresaliente Ellefson— aporta una solidez constante. Probablemente, con el tiempo resulte más fácil asimilar la voz de un valiente Brian Allen, a quien aún cuesta ver como sucesor natural de Howe.
En cuanto a la producción, su enfoque moderno pero respetuoso permite que todo suene claro y potente, aunque también deja al descubierto que el problema no reside en el sonido, sino en la capacidad de las canciones para perdurar. No estamos ante una obra plenamente consistente, aunque sí contenga varios cortes destacables.
Habrá que ver cuáles son los próximos pasos de estas leyendas vivientes.

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