Hablar de Black Label Society es, en buena medida, hablar de coherencia, identidad y resistencia dentro del heavy metal contemporáneo. Desde su nacimiento a finales de los noventa, el proyecto liderado por Zakk Wylde ha trazado una trayectoria que, sin grandes virajes estilísticos, se ha mantenido sorprendentemente firme y reconocible. Y eso, en un género donde muchas bandas veteranas acaban diluyéndose entre intentos fallidos de modernización o reiteraciones vacías, posee un valor incalculable.
Desde
aquel debut crudo y casi místico que fue “Sonic Brew” (1998), pasando por obras
esenciales como “Stronger Than Death” (2000), “1919 Eternal” (2002) o “Mafia”
(2005), hasta llegar a trabajos más recientes como “Doom Crew Inc.” (2021),
Black Label Society ha ido puliendo una fórmula muy definida: riffs pesados de
raíz sabbathiana, un groove profundamente enraizado en el blues, solos cargados
de emoción y una capacidad poco común para alternar entre la violencia sonora y
la introspección. Puede que algunos críticos hayan señalado la escasa evolución
como un punto débil, pero lo cierto es que esa solidez casi inquebrantable es
precisamente lo que ha terminado por convertir a la banda en toda una
institución.
Porque si
algo ha demostrado Wylde a lo largo de más de dos décadas es que no necesita
reinventarse constantemente para seguir siendo relevante. Su estilo —con esas
inconfundibles pinch harmonics, su vibrato exagerado y su particular manera de
frasear— resulta tan reconocible como el de cualquier gran guitarrista del
género. Y, lo que es aún más importante, siempre está al servicio de la
canción, evitando caer en el virtuosismo vacío.
Sin
embargo, “Engines of Demolition” llega en un momento especialmente
significativo. No solo se trata del primer álbum en cinco años tras una extensa
etapa girando con Pantera en su reunión, sino que también está inevitablemente
marcado por la pérdida de Ozzy Osbourne, figura clave en la vida y carrera de
Wylde. Más que un colaborador, Ozzy fue mentor, compañero de escenario y amigo
cercano, además de quien nos descubrió a Zakk al convertirlo en su guitarrista
fijo en 1987. Su fallecimiento deja una huella emocional palpable que atraviesa
el disco, especialmente en su tramo final, aportándole una dimensión más humana
y vulnerable.
Este
contexto añade una capa extra de profundidad a un álbum que, en lo musical, se
mantiene fiel a las señas de identidad de Black Label Society. Aquí no hay
reinvenciones radicales ni experimentos rupturistas: lo que encontramos es una
banda segura de sí misma, plenamente consciente de su lugar en la historia del
metal y que, lejos de acomodarse, refuerza su legado con determinación y
honestidad.
Así,
“Engines of Demolition” no solo funciona como una nueva entrega dentro de una
discografía sólida, sino también como una especie de declaración vital: la de
un músico que ha atravesado décadas de excesos, pérdidas y redención, y que
continúa encontrando en la música una vía para canalizar tanto la furia como el
duelo.
No se me
ocurre una forma más épica de abrir un álbum que con “Name In Blood”, un tema
que eriza la piel desde que su riff principal irrumpe con fuerza tras unos
primeros segundos atmosféricos. Estamos ante un cañonazo denso, con un groove
aplastante, que desemboca en un estribillo monumental y en un posterior duelo
de solos entre Wylde y Dario Lorina. ¿Alguien se atreve a no darle una
oportunidad a un disco que arranca con semejante nivel?
El
salvajismo inicial tiene continuidad en un segundo plato de alto voltaje como
“Gatherer Of Souls”, un corte marcado por un riff principal que remite
claramente a la influencia de Black Sabbath. Un tema pesado y martilleante, con
un estribillo pegadizo y un ligero frenazo progresivo previo a otro solo
memorable. Escucharlo es inevitablemente pensar en clasicazos contemporáneos de
Ozzy como “I Don’t Wanna Stop”, donde la magia de Wylde estuvo más que
presente.
Seguimos
el viaje con “The Hand of Tomorrow’s Grave”, uno de los momentos más densos del
álbum y que, tras varias escuchas, ha terminado convirtiéndose en uno de mis
favoritos del LP. A lo largo de sus más de cuatro minutos, el cuarteto combina
elementos doom con su característico groove para construir un corte vibrante.
Una vez más, toca quitarse el sombrero ante el despliegue de solos de Wylde,
quien vuelve a unir fuerzas con Dario para firmar también algunos punteos
gemelos.
Llega el
momento de bajar las revoluciones con una bellísima balada muy fiel al estilo
de Wylde: “Better Days & Wiser Times”. Y es que cuando el barbudo deja
aflorar su espíritu country, siempre logra emocionar. Sin poseer una voz
especialmente poderosa, Zakk transmite una vulnerabilidad genuina en este tipo
de piezas, desnudando su alma sin caer en excesos. Aquí brilla con un corte que
evoca a su “Lost Prayer”, con un solo cargado de sentimiento y una letra que se
percibe profundamente autobiográfica.
“Le di la espalda a los vientos
fríos
Por el calor del cielo del desierto
Las heridas acumuladas que llevo
conmigo
Me recuerdan lo que ya no quiero
ver
Dejé atrás mis traiciones
Por días mejores y tiempos más
sabios”
Nivel
altísimo también el de “Broken and Blind”, uno de los adelantos del álbum, que
atrapa desde sus primeros golpes de batería con pinceladas de cowbell. La
guitarra de Wylde vuelve a inyectar riffs pesados mientras el propio Zakk se
deja la garganta con una interpretación vocal especialmente intensa. Un tema
completísimo.
También
tuvimos la suerte de recibir “The Gallows” como single promocional. De hecho,
fue el primer adelanto de “Engines Of Demolition” y logró captar la atención
desde el primer momento con su estructura opresiva, donde las guitarras generan
una sensación constante de amenaza. Destaca especialmente el interludio
instrumental tras el segundo estribillo, con nuevos golpes de cowbell a cargo
de Jeff Fabb.
Alcanzamos
el ecuador del viaje con “Above & Below”, un tema donde el grupo juega con
la dualidad entre luz y oscuridad, alternando riffs macizos con pasajes más
melódicos como ese estribillo casi celestial. La guinda la pone Zakk con un
solo que tiene muchas papeletas para convertirse en el más impresionante de
todo el LP.
Regresamos
a la vertiente más íntima con “Back To Me”, una pieza acústica sencilla pero
profundamente sentida, en la que Zakk vuelve a desgarrarse emocionalmente
mientras deja fluir la emoción con naturalidad, hablando sobre la necesidad de
permanecer junto a su compañera de vida.
“Dondequiera que vayas
Dondequiera que estés
Prométeme que me encontrarás
Que encontrarás el camino de
regreso a mí
Este vacío que recorre estos campos
áridos
Una sonrisa agradecida entre las
huellas de mis lágrimas”
Inspirado
en el célebre villano de Mad Max 2, “Lord Humungus” es puro músculo rockero, un
corte 100% Black Label Society que recuerda ligeramente a su salvaje “Concrete
Jungle” y que resulta ideal para escuchar al volante a toda velocidad. Otro
single que dejó boquiabiertos gracias a su ritmo contundente, un desarrollo
cargado de veneno y, por supuesto, un solo excelente con un extra de efectos de
pedal.
Quizá
“Pedal to the Floor” y “Broken Pieces” sean los temas que más fríos me han
dejado del conjunto. Y no es que el rock directo del primero o las melodías
distorsionadas del segundo resulten desagradables, pero sí se perciben algo más
limitados o planos en comparación con el resto del álbum. Cumplen, pero no
alcanzan el nivel de los momentos más inspirados.
Menos mal
que el riff demencial de “The Stranger” nos devuelve de golpe a la senda
ganadora. Un tema sólido, con aroma a heavy metal tradicional, que sin grandes
sorpresas logra convencer gracias a su propuesta honesta.
Y llegamos
al esperado cierre. Si en 2005 Zakk nos regaló “In This River” como homenaje a
Dimebag Darrell, ahora es el turno de “Ozzy’s Song”, la serena pero devastadora
balada con la que rinde tributo a su eterno maestro, Mr. Ozzy Osbourne. Sobre
una instrumentación liderada por piano y guitarra acústica, Wylde canta con una
tristeza sincera y contenida sobre la pérdida de su amigo y mentor, a quien
promete seguir honrando (“The skies may cry But I'll be holding on”), al tiempo
que recuerda al oyente la importancia de vivir intensamente (“Enjoy the ride
before it’s gone. Enjoy the ride it doesn't last for long”). Y, antes de que
todo termine, se marca un último solo eléctrico cargado de rabia y técnica que,
sin duda, habría recibido la aprobación del propio Ozzy. Sencillamente, hay que
quitarse el sombrero.
CONCLUSIÓN
“Engines
of Demolition” no busca reinventar a Black Label Society, y probablemente
tampoco lo necesita para consolidarse como uno de los trabajos más destacados
del cuarteto en los últimos años. A lo largo de sus 13 canciones, con un nivel
bastante homogéneo, el álbum ofrece exactamente lo que uno espera, pero
ejecutado con una inspiración especialmente notable.
Zakk y los
suyos han logrado dar forma a un disco que crece con cada escucha y que, con el
paso del tiempo, tiene muchas opciones de situarse entre sus obras más
logradas. Tiempo al tiempo.

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