Cuando Venom publicó su debut en 1981, probablemente ni Conrad “Cronos” Lant, ni Jeff “Mantas” Dunn, ni Anthony “Abaddon” Bray podían imaginar hasta dónde llegaría aquella criatura ruidosa, oscura y aparentemente descontrolada que habían puesto en circulación. Cuarenta y cinco años después, y con el bueno de Cronos recientemente convertido en recuerdo, volver a este álbum adquiere una dimensión diferente. Ya no estamos escuchando únicamente a una banda que quería provocar al mundo con su imaginería satánica, sino que asistimos al nacimiento de una forma distinta de entender el metal.
Desde
que descubrí a Venom, siempre me llamó la atención la gente que los criticaba
por no ser tan virtuosos o preciosistas como las grandes bandas de la NWOBHM, o
por contar con una producción sucia y poco cuidada. Su propuesta, de hecho, iba
precisamente en dirección contraria. Tomaron la contundencia de Black Sabbath,
la velocidad y actitud de Motörhead, el espectáculo de Kiss o Alice Cooper, la
iconografía demoníaca de bandas como Coven y una buena dosis de punk, y
decidieron llevarlo todo hasta un territorio mucho más oscuro. El resultado
fue, como saben, “Welcome To Hell”.
Venom
surgió en el noreste de Inglaterra en plena explosión de la New Wave Of British
Heavy Metal. Mientras Iron Maiden, Saxon, Diamond Head, Def Leppard o Tygers Of
Pan Tang demostraban que el heavy metal británico tenía por delante un futuro
enorme, Venom parecía empeñado en destruir cualquier posibilidad de sonar
elegante. Donde otros buscaban perfeccionar el género, ellos querían ensuciarlo
o hacerlo volar en mil pedazos. Donde otros hablaban en sus letras de fantasía,
velocidad y guerra, ellos se decantaban por todo aquello que tuviera que ver
con el satanismo, el ocultismo, la blasfemia, el sexo y una imaginería
deliberadamente provocadora.
Pero
no se equivoque, querido lector. Reducir “Welcome To Hell” a su estética, a la
monumental portada y a sus letras rompedoras sería quedarse en la superficie.
Prepárese para disfrutar a continuación de una obra que sentó los cimientos
sobre los que varios subgéneros se asentarían poco después.
“Sons
Of Satan” abre el álbum como una declaración de intenciones afilada como el
acero. El riff, crudo y denso a más no poder, entra sin pedir permiso; el bajo
de Cronos ocupa un espacio gigantesco y la batería de Abaddon parece empeñada
en seguir el ritmo aunque la canción amenace constantemente con desmoronarse
ante semejante frenesí. De hecho, quizá el mayor encanto de Venom residía en
esa constante sensación de estar siempre a punto de perder el control, pero
sabiendo en todo momento hasta dónde querían llevar la canción.
El
tema homónimo se encarga de mantener el nivel. Aunque las revoluciones bajen
ligeramente, “Welcome To Hell” es un hit instantáneo, no solamente por su
célebre estribillo o por su vibrante riff principal, sino por esa sensación de
amenaza permanente que la canción rezuma. El trabajo de Cronos al micrófono es
perfecto, no precisamente por su técnica, sino por esos registros macabros que
le convirtieron en una auténtica personificación del mismísimo diablo.
Llegamos
a “Schizo” y la velocidad vuelve a aumentar para demostrarnos hasta qué nivel
de grandeza podía llegar este trío. Con una sección rítmica violenta y
anarquista, la banda parecía no solamente identificarse con el thrash, sino que
empezaba a coquetear con mayor intensidad con ese extreme metal del que
terminaría siendo uno de los padres.
Tras
la introductoria “Mayhem with Mercy”, “Poison” nos golpea de lleno con su tono
provocador y cierta actitud de Speed Metal que puede evocar a Motörhead. Y es
que el trío británico entendió como pocas bandas de aquel momento que la
imaginería satánica podía convertirse en una herramienta artística muy
poderosa. Buen número que siempre me ha recordado a los Sex Pistols, pero con
toneladas de Metal —y más calidad sonora— encima.
“Live
Like an Angel” siempre me ha parecido una de las grandes tapadas del álbum. Su
ritmo atronador, con un Cronos atormentado al micrófono y una sucesión de riffs
de guitarra a cada cual mejor que el anterior, por no hablar del solo de
guitarras dobladas que encontramos a mitad del corte, vuelve a acercar la
propuesta sonora al sonido que Motörhead había consolidado poco tiempo antes.
Palabras
mayores merece un clásico como “Witching Hour”. Aquí sí que resulta difícil
exagerar la importancia de lo que estamos escuchando. Estamos ante una de las
grandes piezas pioneras del thrash, del black o del death metal, con un riff de
Mantas que parte en dos todo aquello que se antepone en su camino, pese a su
aparente simpleza. Pocos números hasta aquel momento habían llevado el heavy
metal de las bandas de los 70 hacia terrenos en los que la agresividad, la
velocidad, la oscuridad y la suciedad imperaban por encima de cualquier otro
aspecto musical.
Tras
semejante bofetada sónica, las revoluciones bajan por momentos en otra de mis
predilectas del conjunto, “One Thousand Days In Sodom”, un número donde el bajo
de Cronos adquiere un mayor protagonismo y carga de densidad esta pieza de
metal extremo. Su instrumento no es simplemente el encargado de sostener la
canción: es una de las principales razones por las que el sonido de Venom
resulta tan reconocible.
“Angel
Dust” eleva al máximo exponente esa combinación de velocidad, suciedad y
actitud punk que ya habíamos destacado en otras piezas del LP. Cronos brilla
con luz propia —u oscuridad— tanto con su voz rota como con un bajo
omnipresente, demostrando una vez más que su instrumento puede ocupar el primer
plano sin necesidad de dejar de ejercer como columna vertebral de la
composición.
Casi
al final del LP nos topamos con otro clásico imprescindible del grupo. “In
League With Satan” representa otra de las caras de Venom. Desde el inicio
siniestro, con ese mensaje reproducido al revés, el grupo nos somete a una
atmósfera opresiva que se aleja de toda velocidad para hechizar al oyente con
un sonido que en el año 1981 resultaba peligrosamente diferente.
El
colofón al LP lo ponía la atormentada “Red Light Fever”, una canción que deja
boquiabierto a cualquiera cuando Mantas se saca de la manga un riff descomunal
que da paso a un tema violento a más no poder, donde la batería de Abaddon no
da respiro alguno mientras Cronos se deja el alma tras el micrófono. Ojalá
algún día la comunidad metalera sea plenamente consciente de la grandeza de
este último número.
CONCLUSIÓN
Todos
coincidiremos en que Cronos, Mantas y Abaddon, cuando fundaron Venom, no
querían parecer una banda más, sino crear algo completamente nuevo. “Welcome To
Hell”, aunque en su momento fue criticado por su supuesta falta de técnica,
terminó convirtiéndose en una obra de culto sin la cual seguramente muchos de
los grupos que surgirían años más tarde no existirían. Bathory, Celtic Frost,
Sodom, Kreator, Slayer, Mayhem, Emperor y un largo etcétera de nombres no
hubieran sonado igual sin Venom y este embrionario LP.
Lejos
de sonar pulida, la banda apostó por la crudeza más auténtica, con una mezcla
orientada a dotar de mayor protagonismo al bajo de Cronos, lo que otorgaba al
sonido global un tono más primitivo que terminaría convirtiéndose en un sello
de identidad del grupo a lo largo de más de cuarenta años de carrera.
Ahora
Cronos ya no está entre nosotros y escuchar este disco hoy produce una
sensación diferente. El duelo se acrecienta con el paso de las canciones, pero
también lo hace el sentimiento de admiración por todo lo que este peculiar
frontman fue capaz de crear a lo largo de las décadas. Siempre nos quedará su
obra y el botón de “Play” para dejar que Cronos vuelva a rugir desde aquellos
surcos.
Cuarenta
y cinco años después, el infierno sigue abierto. Y ahora, cada vez que suena la
voz de Cronos, sabemos que quien lo abrió ya se encuentra allí de regreso.
Welcome
Home, Cronos.

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