Nueve años. Se dice pronto. Desde que Europe publicó “Walk The Earth” en 2017 han pasado 108 meses, casi una década en la que la banda sueca ha seguido recorriendo escenarios, festivales y carreteras, pero sin añadir un nuevo capítulo a su discografía. Una espera especialmente larga para un grupo que, pese a llevar más de cuatro décadas a sus espaldas, nunca ha dejado de mirar hacia delante y para el que cada lanzamiento se celebra como quien encuentra agua tras días perdido en un desierto. Y quizá por eso “Come This Madness” era uno de los LPs que más ganas tenía de escuchar este año desde que el grupo anunció su publicación en mayo.
Llevaba
tiempo preguntándome qué Europe encontraríamos cuando finalmente llegara un
nuevo disco. Desde su regreso en 2004 con “Start From The Dark”, la banda ha
construido una segunda etapa extraordinariamente coherente, endureciendo
progresivamente su sonido y alejándose de aquella imagen más accesible que los
convirtió en estrellas mundiales durante los ochenta (como siempre digo, es un
grupo que va muchísimo más allá de “The Final Countdown”). El infravalorado
“Secret Society”, una triada muy convincente como “Last Look At Eden”, “Bag Of
Bones” y “War Of Kings” o el más reciente, y también bastante cumplidor, “Walk
The Earth” demostraron que Joey Tempest, John Norum, John Levén, Mic Michaeli e
Ian Haugland no estaban interesados en vivir permanentemente de sus grandes
clásicos.
Para
nuestra fortuna, “Come This Madness” tampoco pretende hacerlo. De hecho, tras
varias escuchas, y sin aventurarme todavía demasiado con el contenido musical,
es posible afirmar que Europe recupera una parte de su identidad más melódica y
ochentera sin convertirse en una caricatura de sí mismos. Como ahora
desgranaremos, es posible que estemos ante el trabajo más accesible de su etapa
contemporánea y, al mismo tiempo, uno de los que más matices esconden bajo la
superficie. Destaco además su particular portada (no creo que deje indiferente
a nadie), donde un pobre hombre es atrapado por una infinidad de problemas que,
lamentablemente, están muy presentes en nuestra sociedad y que Europe ha
querido concentrar en esta particular caricatura, denunciando cómo el ser
humano está cada vez más esclavizado por un mundo cada vez más disparatado.
Es
necesario hablar de lo bien que arranca el álbum con “One On One”. Una
introducción cinematográfica de teclados y arreglos orquestales prepara la
entrada del bajo de John Levén (no hay ocasión en la que esa línea de bajo no
termine poniéndome los pelos de punta) y la irrupción de una banda que apuesta
por abrir el álbum con contundencia. Mic Michaeli adquiere aquí un protagonismo
enorme, envolviendo la composición con teclados que no funcionan como simple
decoración, sino como una pieza esencial de la arquitectura musical de estos
suecos. Sin embargo, los grandes protagonistas, con permiso de Levén y su bajo,
son la eterna dupla conformada por John Norum y Joey Tempest. El primero sigue
firmando riffs y solos de un altísimo nivel sin buscar ser más rápido que
nadie, mientras que el bueno de Joey, como si le hubiera vendido el alma al
mismísimo diablo, continúa cantando igual que hace cuarenta años, algo que,
lejos de estar trucado por el estudio, podemos comprobar en el nivelazo que
sigue gastándose en vivo. Una introducción muy positiva.
Aunque
cuando vio la luz como segundo single no me dijo demasiado, lo cierto es que
“The Cult Of Ignorance” ha terminado creciendo en mí como el hit que es.
Estamos ante uno de esos cortes que parecen diseñados para comprobar qué tal
responde un pabellón lleno de gente. Una estructura facilona, con tonos
ochenteros, un puente-estribillo pegadizo a más no poder y, como curiosidad, un
trabajo plausible de la dupla estelar de invitados, sus paisanos Tobias Forge y
Mikael Åkerfeldt, tras los coros. No obstante, el auténtico protagonista
continúa siendo Joey Tempest, quien vuelve a hacer gala de una enorme capacidad
melódica tras sus cuerdas vocales.
Frente
a la accesibilidad del corte anterior, la homónima “Come This Madness” apuesta
por un concepto más denso construido sobre contrastes. Tras un inicio marcado
por guitarras amenazantes, las revoluciones bajan considerablemente en los
versos, adquiriendo un tono bluesero de lo más embriagador diseñado para que
Tempest se luzca antes de levantar el vuelo en un estribillo coral monumental.
Aquí sí hay que felicitar a Michaeli por sus teclados envolventes y al maestro
Norum por un solo que concentra blues, hard rock y multitud de melodías en sus
pocos segundos de vida.
Tras
un inicio tan dinámico, es la hora de bajar revoluciones con la balada del
disco. “This Time Of Year” podría haber sido un simple trámite, pero Europe,
una banda experta en facturar composiciones de este calado, consigue
convertirla en uno de los momentos más delicados de su discografía reciente.
Apoyándose en unos teclados imponentes, Tempest canta con un registro íntimo y
vulnerable sobre un amor que se apagó hace años, pero que sigue presente en
cada pequeño gesto del día a día. Un número maduro y melancólico que, lejos de
intentar repetir la fórmula de “Carrie”, tiene su propia personalidad. La
guinda al pastel la pone un breve, pero lacrimógeno, solo de Mr. Norum, quien
recorre el mástil con esa sensibilidad tan distintiva de uno de los mejores guitarristas
de la historia.
Tal
vez uno de los momentos más divisivos del álbum llegue justo a mitad del mismo.
Habrá quienes consideren “In A Different World” un tema de relleno y habrá
otros que lo defiendan a capa y espada. Para mí es un corte que necesita varias
escuchas para terminar de calar, pero cuenta con un muy buen riff, un plausible
estribillo y, por encima de todo, un magistral solo de Norum, quien lo
desarrolla sin prisas, pasando de un inicio contenido a una segunda sección más
eléctrica. Juzguen ustedes mismos.
Frente
al tema anterior, creo que existe un acuerdo prácticamente total sobre la
grandeza de “Scandinavian Eyes”, uno de los mayores highlights de este álbum.
Aquí aparece ese Europe que mira directamente hacia los años setenta y a esos
primeros dos álbumes más cañeros (desconfío de todo aquel que nunca ha
escuchado “Wings Of Tomorrow”). Ese riff al unísono creado por guitarra, bajo y
teclado, y que irrumpe tras una breve introducción orquestal, remite
inevitablemente a Deep Purple, mientras los sintetizadores amplían el paisaje
sonoro hasta convertir la composición en algo casi épico. Michaeli está
especialmente inspirado y Norum vuelve a demostrar que su guitarra puede ser
protagonista sin necesitar ocupar cada segundo del corte, mientras la batería
de Ian Haugland machaca desde la base, escudándose en el vibrante bajo de
Levén. Con semejante instrumentación consolidada, Tempest se limita a
desgañitarse tras el micrófono con electricidad, pero sin perder las formas. Un
tema mayúsculo que mira sin complejos a cualquier hit contemporáneo del grupo.
Palabras
mayores para otro de mis números preferidos. Reconozco que cuando escuché la
introducción de guitarra y sintetizadores de “Takin’ It Back” tuve que mirar la
carátula del disco para asegurarme de que no me había equivocado y había
reproducido uno de sus álbumes ochenteros. Tema muy cañero (ojo al riff que
Norum se saca en el minuto 1:25, que parece un hermano perdido de “Ready Or
Not”) y de ritmo frenético, con un estribillo radiofónico, un Tempest cantando
con muchísima clase y un Norum que se saca de la chistera el solo más veloz de
todo el álbum, jugando con armonías y bends como si fuera lo más sencillo del
mundo, mientras Haugland y Levén lo acompañan golpeando con furia desde la
base. Un temazo, señorías.
Tras
una breve pieza bautizada como “In The Absence Of Grace”, concebida como
interludio orquestal y que nos permite disfrutar de un Joey Tempest comedido y
elegante, irrumpe con fuerza “The Angels Must Have Flown”. Mucha atención a
este trallazo que vuelve a poner las guitarras en primer plano. Durante poco
más de tres minutos, Europe logra combinar con éxito la distorsión más cruda de
la guitarra de Norum con unos teclados espaciales cortesía de Mic,
convirtiéndose en una pieza tan particular que no suena como ningún Europe
anterior… lo cual es un argumento a su favor tras más de cuatro décadas al
servicio del rock.
Lejos
de bajar un poco las pulsaciones, “The Devil’s Back” mantiene viva la garra con
un hard rock de corte clásico, con arreglos de Hammond en la base, buenos coros
y, como protagonista absoluto, un Norum que brilla con luz propia, construyendo
solos más extensos y experimentales durante buena parte del número, sin por
ello renunciar a los riffs macizos que lo dotan de músculo. Pese a su simpleza,
me confieso fiel amante del estribillo coral y pegadizo que este corte esconde.
Y
“Nothing Can Follow This” pone el punto final a este gran LP con una mezcla de
teclados, guitarras, coros y cierta inspiración oriental que resume buena parte
de lo que hemos escuchado. Joey combina registros más dinámicos con otros donde
la teatralidad es protagonista. Tras unos versos contenidos, el estribillo
eleva nuevamente la intensidad del corte antes de un último solo de Norum que
cierra con clase un álbum donde han convivido en armonía la contundencia del
hard rock y la elegancia melódica. Cuando un álbum es tan bueno, da pena llegar
al final, pero eso también significa que seguidamente podemos volver a
escucharlo desde el principio.
CONCLUSIÓN
Ahora
que hemos terminado de escuchar el disco, queridos lectores, he de confesar que
tenía algo de miedo ante lo que Europe nos traería tras casi una década de
silencio discográfico y un “Walk The Earth” con tantas luces como sombras. Sin
embargo, “Come This Madness” es una obra compacta donde son contados los
momentos en los que sentimos que los suecos podrían haberlo hecho mejor.
En
2026, el grupo suena maduro y, al mismo tiempo, incombustible. A excepción de
“This Time Of Year”, que ejerce de balada, estamos ante una obra más cruda y
eléctrica de lo que nos tenía acostumbrados el quinteto en sus últimos
lanzamientos. Sinceramente, me parece una de sus mejores obras contemporáneas.
Quizá
si lo comparáramos con “Wings Of Tomorrow”, “The Final Countdown” o “Out Of
This World” estaríamos condenando a “Come This Madness” de antemano. Sin
embargo, y tras más de cuarenta años tocando juntos, el grupo ha firmado una de
sus obras más diversas de este milenio. Y es que sus canciones son más
melódicas que “War Of Kings”, más accesibles que “Walk The Earth” y, al mismo
tiempo, en algunos momentos muestran una furia que no escuchaba desde aquel
“America” de “Start From The Dark”.
Los
teclados de Mic Michaeli tienen un peso extraordinario, John Levén e Ian
Haugland construyen una base rítmica sólida y elegante, Joey Tempest demuestra
que su voz sigue a día de hoy ganando adeptos y John Norum vuelve a recordar
por qué es uno de los guitarristas más personales de su generación.
¿Mereció
la pena esperar nueve años? Que nadie lo dude.
Enormes,
Europe.

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