Para quienes veneramos la figura de Rory Gallagher, cualquier homenaje despierta sentimientos encontrados. Por un lado, existe la satisfacción de comprobar cómo su legado sigue vivo décadas después de su muerte y continúa sirviendo de puerta de entrada para que nuevas generaciones de rockeros descubran algunas de sus obras más representativas. Por otro, aparece inevitablemente el temor de que alguien intente domesticar una música que nunca fue domesticable. Porque Rory no fue simplemente un gran guitarrista. Fue una forma única de entender el blues y el rock. Una filosofía de vida basada en la honestidad absoluta, en la carretera, en los escenarios y en una integridad artística que jamás conoció concesiones. Rory fue único.
Mientras
otros perseguían éxitos comerciales, Rory únicamente quería disfrutar
interpretando el blues de toda la vida. Mientras muchos construían personajes,
él levantaba actuaciones legendarias valiéndose tan solo de una Stratocaster
desgastada, un amplificador al límite y esa intensidad que convertía cada
concierto en una experiencia irrepetible.
Por
eso resulta tan significativo que haya sido precisamente otra leyenda de las
seis cuerdas como Joe Bonamassa quien asumiera esta responsabilidad. Bonamassa
lleva décadas reconociendo públicamente la deuda que mantiene con Gallagher. Ya
en su debut discográfico, “A New Day Yesterday” (2000), grabó "Cradle
Rock", y nunca ha ocultado que álbumes como “Live In Europe” o “Irish Tour
'74” contribuyeron decisivamente a moldear su visión del blues-rock. Por tanto,
que nadie piense que estamos ante un ejercicio de oportunismo o una simple
operación comercial. Estamos ante un auténtico acto de amor musical.
Además,
el contexto no podría resultar más simbólico. Joe eligió que este material
fuese filmado durante sus tres noches en Cork, ciudad natal de Rory. Todo se
percibe como una celebración colectiva que, lejos de terminar en desastre,
funciona de maravilla.
Y
aunque cualquier fan acérrimo de Rory sabe perfectamente que nadie podrá
igualar al maestro irlandés y la fuerza arrolladora de sus directos, también es
justo reconocer que Bonamassa ni siquiera intenta competir con él. Se limita a
rendirle tributo.
Entrando
ya en materia musical, la apertura constituye toda una declaración de
intenciones. Tres de los grandes clásicos de Rory sirven para encender la mecha
de un concierto que desde el primer minuto transmite respeto y entusiasmo a
partes iguales. "Cradle Rock" conserva esa combinación irresistible
de blues eléctrico y energía rockera que convirtió a Rory en una auténtica
fuerza de la naturaleza sobre las tablas. Bonamassa la interpreta con
convicción, sin caer en el exhibicionismo gratuito. Algo parecido ocurre con
"Walk On Hot Coals" y la celebérrima “Tattoo’d Lady”, dos de las
composiciones más explosivas del repertorio de Gallagher. Los desarrollos
instrumentales permiten que Joe despliegue buena parte de su arsenal técnico,
aunque siempre manteniendo el control narrativo de cada tema.
A
continuación, Bonamassa nos deleita con dos piezas profundamente arraigadas en
el blues de la mano de la menos popular “I Wonder Who” y mi querida “Calling
Card”, en las que la sensibilidad blues y la sofisticación rockera continúan
funcionando de maravilla varias décadas después de su publicación. Aquí
encontramos a un Bonamassa especialmente inspirado.
Tras
revisitar el icónico “Tattoo” mediante “Who’s That Coming”, Joe se saca de la
chistera una versión salvaje de "Messin' With The Kid", el clásico de
Junior Wells que Rory eligió como canción de apertura para su mítico “Live In
Europe”. Durante sus tres minutos de duración percibimos diversión,
espontaneidad y una sensación de celebración colectiva absolutamente
contagiosa. También se agradece que Bonamassa rescatara de ese mismo álbum en
directo la gloriosa "Bullfrog Blues" (original de William Harris),
que suena tan eléctrica y vibrante que, por momentos, evoca la ferocidad del
mejor Gallagher.
Después
del pegadizo guiño al recomendadísimo “Blueprint” (1973) a través de “Treat Her
Right”, llega el turno de uno de los himnos indiscutibles de Rory: “Bad Penny”.
Como cabía esperar, Joe mantiene intacta la pegada original de la composición.
Y es que habrán pasado varias décadas desde su creación, pero el riff sigue
resultando tan irresistible como siempre. Muy destacable también la
interpretación vocal de nuestro protagonista.
Uno
de los grandes momentos de la noche es, sin duda alguna, la versión de diez
minutos que Joe se marca de ese baladón inmortal que Rory nos regaló en su
debut homónimo bajo el título de “I Fall Apart”. Gallagher siempre fue un
maestro a la hora de transmitir vulnerabilidad sin perder intensidad, y esta
composición representa una de las cimas emocionales de todo su catálogo. Por
ello, me parece necesario poner en valor el respeto y la naturalidad con los
que Bonamassa aborda esta pieza. El crescendo final resulta sencillamente
espectacular.
Y
si anteriormente alabábamos las tres canciones encargadas de abrir el
repertorio, ahora toca rendirse ante las tres últimas piezas elegidas por Joe
para echar el cierre. Primeramente disfrutamos de uno de mis blues favoritos de
Rory, el glorioso “A Million Miles Away” de “Tattoo”, una composición que
siempre me pareció influenciada por Hendrix. Acto seguido, recordamos el “Irish
Tour ‘74” de la mano de “As The Crow Flies” antes de que todo concluya con
"Back On My Old Stompin' Ground" y su impresionante despliegue de
energía decibélica. Bonamassa y su banda encuentran el equilibrio perfecto
entre intensidad y groove, convirtiendo el tema en el fin de fiesta soñado.
CONCLUSIÓN
Joe
Bonamassa no publica “The Spirit Of Rory: Live From Cork” para sustituir a Rory
Gallagher ni para mejorar sus versiones originales. Sería absurdo intentarlo.
Lo que hace es algo mucho más valioso: recordar al mundo quién fue Rory y
explicar por qué sigue siendo una figura tan importante. Bonamassa comprende
perfectamente que está manejando un legado casi sagrado para muchos
aficionados. Por eso evita el ego, prescinde de reinterpretaciones
extravagantes y centra todos sus esfuerzos en celebrar unas canciones
extraordinarias.
Como
fan acérrimo de Rory seguiré regresando a “Irish Tour '74”, “Live In Europe”,
“Calling Card”, “Tattoo”, “Photo Finish” o “Top Priority”. Nada cambiará eso.
Pero también es justo reconocer que Joe Bonamassa ha firmado uno de los
homenajes más sinceros, respetuosos y logrados que se recuerdan en mucho
tiempo.
Parecía
imposible que sucediera, pero les prometo que el espíritu de Rory volvió a
deambular por Cork.

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