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Crónica del Concierto de Megadeth en el Bizkaia Arena, Barakaldo (29/05/2026)

“You've Been Great, We've Been Megadeth”

Hay conciertos que se disfrutan. Y luego están los que obligan a rendirse ante la evidencia. Lo de Megadeth en Barakaldo, el pasado 29 de mayo, perteneció claramente a la segunda categoría. Porque más allá de los clásicos, de los riffs inmortales y de una colección de himnos capaz de aplastar a cualquier formación de varias generaciones posteriores, la gran sensación que dejó la noche fue la de contemplar a Dave Mustaine desafiando una vez más toda lógica posible, pese a que podría estar disfrutando desde hace años de una merecida jubilación después de haber amasado una fortuna durante décadas de carrera.

A sus 64 años, tras haber derrotado un cáncer de garganta que llegó a poner en duda su futuro sobre las tablas y mientras convive con la contractura de Dupuytren —una enfermedad degenerativa que afecta a la movilidad de la mano y amenaza directamente la capacidad de tocar la guitarra—, Mustaine continúa subiéndose a las tablas como si todavía tuviera cuentas pendientes con el mundo. Y, viendo el memorable espectáculo que ofreció en tierras vascas, es muy posible que realmente las tenga. Su mano izquierda sigue dibujando riffs imposibles con una precisión que muchos músicos bastante más jóvenes ni siquiera alcanzarían en plenitud física. Pero quizá lo más impactante fue comprobar que su voz conserva aún carácter, agresividad y presencia para enfrentarse a algunas de las composiciones más exigentes de toda la historia del thrash metal. No hubo concesiones ni la sensación de estar viendo a una leyenda sostenida únicamente por su nombre. Lo que apareció ante nosotros fue una formación absolutamente feroz, plenamente consciente de que cada noche debe dejarse el alma porque, al fin y al cabo, el tiempo no perdona a nadie.

Desde primera hora de la mañana se notaba que el aficionado vasco esperaba con impaciencia una cita que, con bastante seguridad, será la última visita de Megadeth a tierras vascas (aunque con esto de las giras de despedida nunca se sabe). Decenas de camisetas del bueno de Vic Rattlehead podían verse por lugares emblemáticos de la ciudad como el Guggenheim, mi adorado Mercado de San Antón o incluso la propia catedral. Sin ir más lejos, en el mismo avión que nos trasladó desde Tenerife aquella mañana viajaban numerosos seguidores de la banda. Doy fe de que fuimos unos cuantos canarios los que pusimos rumbo al BEC.

ANGELUS APATRIDA Y CRISIX | EL METAL NACIONAL COMO MEJOR MAESTRO DE CEREMONIAS

Antes de que Mustaine y sus secuaces saltaran a escena, la velada ya había dejado claro que aquello iba a ser mucho más que la actuación de una leyenda del thrash metal. La organización apostó con acierto por dos de las formaciones más importantes y queridas que ha dado el metal estatal en las últimas décadas, y tanto Crisix como Angelus Apatrida respondieron a la confianza depositada en ellos ofreciendo actuaciones a la altura de una cita de semejante calibre. Dos maneras distintas de entender el thrash, dos trayectorias construidas a base de esfuerzo constante y una misma conclusión: el género goza de una salud envidiable en nuestro país, aunque todavía existan metaleros empeñados en dar la espalda a la excelente producción local.

Los catalanes Crisix volvieron a demostrar por qué se han ganado el cariño de una legión de seguidores gracias a una propuesta tan contundente como divertida, en la que brillaron temas como "Leech Breeder", "Bring 'Em to the Pit", "Get Out of My Head", "Conspiranoia" o el siempre celebradísimo cierre con "Ultra Thrash". Uno de los momentos más entretenidos de su actuación llegó con el medley formado por fragmentos de "Fight for Your Right", "Walk" y "Antisocial", recibido con entusiasmo por una audiencia que entró de lleno en el juego planteado por los catalanes. Mención especial merece también "Fast Music", el polémico nuevo sencillo publicado apenas una semana antes del evento que, pese a generar opiniones encontradas debido a sus coqueteos con otros estilos, encajó con naturalidad dentro del repertorio.

Sin embargo, Angelus Apatrida fueron, al menos para quien firma estas líneas, los grandes triunfadores de los prolegómenos. Con un repertorio demoledor que combinó piezas recientes como "Indoctrinate", "Cold" o "Violent Dawn" con auténticos himnos de su carrera como "Give 'Em War", "Sharpen the Guillotine" o "You Are Next", el cuarteto albaceteño rubricó una actuación sencillamente devastadora. Sonaron gigantescos, compactos y afilados como una cuchilla, desplegando una intensidad que convirtió el recinto en un hervidero desde los primeros compases. A estas alturas ya no sorprende ver a Angelus Apatrida arrasar sobre un escenario, pero sigue resultando admirable comprobar cómo han alcanzado un nivel capaz de competir sin complejos con cualquier gran nombre internacional del género.

EL PADRE DEL THRASH METAL SOMETE A UN BEC ENTREGADO

Antes incluso de la hora anunciada para el inicio del espectáculo, las luces del recinto se apagaron durante unos breves segundos para que Dave Mustaine, ataviado con su ya característica camisa blanca, emergiera entre las tinieblas sembrando el caos en cuestión de instantes. “Tipping Point”, primer adelanto de su último y muy recomendable trabajo de estudio, fue la elegida para abrir las hostilidades por todo lo alto. Apoyándose en un sonido a la altura de las circunstancias (cuando vi a Iron Maiden en este mismo recinto no terminé de quedar convencido con la acústica), el grupo hizo gala desde el inicio de un estado de forma monumental. Especialmente sorprendente resultó el propio Mustaine, tanto en el plano instrumental —la enfermedad no ha mermado su técnica— como en el vocal, donde, pese a no poseer ya la voz de antaño, sigue saliendo airoso y sin aparentes dificultades.

Desde la primera canción hasta la última, la respuesta de la audiencia fue sencillamente espectacular. No se limitó a acompañar el espectáculo: lo impulsó. Cada riff era celebrado, cada estribillo coreado y cada clásico recibido con una pasión que transformó el recinto en una auténtica caldera. Por momentos recordaba más a algunas de las legendarias audiencias latinoamericanas que a una actuación habitual en España. Había una entrega constante, una conexión absoluta con lo que sucedía frente a ellos y una energía que no decayó ni un solo instante durante toda la noche.

Y no es una impresión aislada. Ya me ocurrió años atrás viendo a Iron Maiden en este mismo lugar, cuando salí convencido de haber presenciado una de las mejores respuestas de público que recordaba en nuestro país. Quien escribe estas líneas llega desde Tenerife y, siempre que una gira permite escoger destino, el País Vasco aparece automáticamente entre las primeras opciones. Su manera de vivir el Heavy Metal me parece muy particular y diferente a la de otros puntos de la geografía española.

Con semejante ambiente y una formación del calibre de Megadeth funcionando a pleno rendimiento, el resultado solo podía ser uno: una de esas noches que permanecen en la memoria mucho después de que se apaguen las luces y se desmonten los amplificadores.

Ya con la hinchada metida en el bolsillo, y continuando con el análisis de la velada, “Hangar 18”, una pieza clásica que incluiría entre mis favoritas de toda su discografía, terminó de sembrar el caos con su thrash marca de la casa. Justo después, títulos como “This Was My Life”, “Skin O' My Teeth” o “Dread and the Fugitive Mind” recordaron la profundidad de un catálogo prácticamente inabarcable. De hecho, como cabía esperar, otras composiciones fundamentales de su trayectoria como “Trust” o “In My Darkest Hour”, por citar dos ejemplos, se quedaron fuera de un repertorio prácticamente perfecto. Aprovecho también para destacar lo bien que funcionaron “Let There Be Shred” e “I Don’t Care”, las otras dos piezas del último trabajo del grupo que encontraron hueco en el set.

La intensidad jamás decayó. “Sweating Bullets” fue recibida como una auténtica celebración colectiva y nos permitió contemplar a un Mustaine que realmente estaba disfrutando tras el micrófono, interpretando con su habitual teatralidad este clasicazo.

Después de que “Angry Again” y mi adorada “She-Wolf” elevaran todavía más la temperatura del BEC, llegó el turno de una dupla de canciones que, dejando a un lado los clásicos reservados para el cierre, terminó de dejar boquiabierto al respetable. Primero sonó “Mechanix”, la reinterpretación de “The Four Horsemen”, tema que Mustaine escribió durante su breve pero intensa estancia en Metallica y que posteriormente reformuló para dotarlo de una mayor velocidad y rabia vocal. El resultado fue un estallido de thrash descontrolado acompañado por un duelo de solos entre Mustaine y Teemu que volvió a poner de manifiesto la enorme química surgida entre ambos durante los últimos años.

Acto seguido, el Bizkaia Arena se vino abajo cuando la guitarra del colorado escupió el inconfundible riff principal de “Ride the Lightning”, versión de Metallica —otro tema compuesto por Mustaine en aquellos tiempos— que el grupo bordó durante esta velada. Nuevamente destacaron las explosivas guitarras y la interpretación vocal del líder de Megadeth. Da gusto comprobar que Dave y Metallica han dejado atrás desde hace tiempo una rivalidad histórica que parecía eterna.

Y entonces llegó una recta final construida sobre una sucesión constante de clásicos, cada cual más celebrado que el anterior, que cerraron el espectáculo por todo lo alto y sin apenas espacio para el respiro.

En primer lugar, “Countdown to Extinction” revivió las melodías que tantos aficionados aprendimos a amar en el álbum al que da nombre, antes de que “Tornado Of Souls” permitiera a Teemu rendir homenaje al bueno de Marty Friedman con un solo glorioso ejecutado con una técnica sencillamente suprema.

Llegó entonces la hora de las tres de siempre, esas canciones que han convertido a Megadeth en una banda inmortal. Con un BEC entregado que cantó cada verso y cada estribillo, los estadounidenses sacaron toda la artillería pesada de la mano de “Peace Sells”, con aparición de Vic Rattlehead incluida, la no menos icónica “Symphony of Destruction” —nadie dudó en corear el ya internacional “aguante Megadeth” popularizado por el público argentino hace un par de décadas— y, por supuesto, “Holy Wars... The Punishment Due”, una de las mejores composiciones de la historia del metal (no acepto réplicas) que Mustaine y compañía interpretaron de forma magistral para poner el broche de oro a una noche que no olvidaré en mi maldita vida.

Sí, el espectáculo se quedó por debajo de la hora y media. Pero también es cierto que pocas formaciones son capaces de concentrar semejante cantidad de artillería pesada y dejarte sin aliento en tan poco tiempo. No hubo relleno, ni transiciones innecesarias, ni una sola canción que rebajara el nivel de intensidad. Cada tema parecía diseñado para impulsar al siguiente todavía más arriba.

Megadeth llegó a España con un objetivo muy simple: arrasar. Y vaya si lo consiguió. Liderados por un Dave Mustaine que sigue plantando cara al tiempo, a la enfermedad y a las limitaciones físicas con una determinación admirable, demostraron que algunas leyendas no sobreviven gracias al pasado. Sobreviven porque todavía son capaces de dominar el presente.

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