“You've
Been Great, We've Been Megadeth”
A
sus 64 años, tras haber derrotado un cáncer de garganta que llegó a poner en
duda su futuro sobre las tablas y mientras convive con la contractura de
Dupuytren —una enfermedad degenerativa que afecta a la movilidad de la mano y
amenaza directamente la capacidad de tocar la guitarra—, Mustaine continúa
subiéndose a las tablas como si todavía tuviera cuentas pendientes con el
mundo. Y, viendo el memorable espectáculo que ofreció en tierras vascas, es muy posible
que realmente las tenga. Su mano izquierda sigue dibujando riffs imposibles con
una precisión que muchos músicos bastante más jóvenes ni siquiera alcanzarían
en plenitud física. Pero quizá lo más impactante fue comprobar que su voz
conserva aún carácter, agresividad y presencia para enfrentarse a algunas de
las composiciones más exigentes de toda la historia del thrash metal. No hubo
concesiones ni la sensación de estar viendo a una leyenda sostenida únicamente
por su nombre. Lo que apareció ante nosotros fue una formación absolutamente
feroz, plenamente consciente de que cada noche debe dejarse el alma porque, al
fin y al cabo, el tiempo no perdona a nadie.
Desde
primera hora de la mañana se notaba que el aficionado vasco esperaba con impaciencia una
cita que, con bastante seguridad, será la última visita de Megadeth a tierras
vascas (aunque con esto de las giras de despedida nunca se sabe). Decenas de
camisetas del bueno de Vic Rattlehead podían verse por lugares emblemáticos de
la ciudad como el Guggenheim, mi adorado Mercado de San Antón o incluso la
propia catedral. Sin ir más lejos, en el mismo avión que nos trasladó desde
Tenerife aquella mañana viajaban numerosos seguidores de la banda. Doy fe de
que fuimos unos cuantos canarios los que pusimos rumbo al BEC.
ANGELUS
APATRIDA Y CRISIX | EL METAL NACIONAL COMO MEJOR MAESTRO DE CEREMONIAS
Antes
de que Mustaine y sus secuaces saltaran a escena, la velada ya había dejado
claro que aquello iba a ser mucho más que la actuación de una leyenda del
thrash metal. La organización apostó con acierto por dos de las formaciones más
importantes y queridas que ha dado el metal estatal en las últimas décadas, y
tanto Crisix como Angelus Apatrida respondieron a la confianza depositada en
ellos ofreciendo actuaciones a la altura de una cita de semejante calibre. Dos
maneras distintas de entender el thrash, dos trayectorias construidas a base de
esfuerzo constante y una misma conclusión: el género goza de una salud
envidiable en nuestro país, aunque todavía existan metaleros empeñados en dar
la espalda a la excelente producción local.
Los
catalanes Crisix volvieron a demostrar por qué se han ganado el cariño de una
legión de seguidores gracias a una propuesta tan contundente como divertida, en
la que brillaron temas como "Leech Breeder", "Bring 'Em to the
Pit", "Get Out of My Head", "Conspiranoia" o el
siempre celebradísimo cierre con "Ultra Thrash". Uno de los momentos
más entretenidos de su actuación llegó con el medley formado por fragmentos de
"Fight for Your Right", "Walk" y "Antisocial",
recibido con entusiasmo por una audiencia que entró de lleno en el juego
planteado por los catalanes. Mención especial merece también "Fast
Music", el polémico nuevo sencillo publicado apenas una semana antes del
evento que, pese a generar opiniones encontradas debido a sus coqueteos con
otros estilos, encajó con naturalidad dentro del repertorio.
Sin
embargo, Angelus Apatrida fueron, al menos para quien firma estas líneas, los
grandes triunfadores de los prolegómenos. Con un repertorio demoledor que
combinó piezas recientes como "Indoctrinate", "Cold" o
"Violent Dawn" con auténticos himnos de su carrera como "Give
'Em War", "Sharpen the Guillotine" o "You Are Next",
el cuarteto albaceteño rubricó una actuación sencillamente devastadora. Sonaron
gigantescos, compactos y afilados como una cuchilla, desplegando una intensidad
que convirtió el recinto en un hervidero desde los primeros compases. A estas
alturas ya no sorprende ver a Angelus Apatrida arrasar sobre un escenario, pero
sigue resultando admirable comprobar cómo han alcanzado un nivel capaz de
competir sin complejos con cualquier gran nombre internacional del género.
EL
PADRE DEL THRASH METAL SOMETE A UN BEC ENTREGADO
Antes
incluso de la hora anunciada para el inicio del espectáculo, las luces del
recinto se apagaron durante unos breves segundos para que Dave Mustaine,
ataviado con su ya característica camisa blanca, emergiera entre las tinieblas
sembrando el caos en cuestión de instantes. “Tipping Point”, primer adelanto de
su último y muy recomendable trabajo de estudio, fue la elegida para abrir las
hostilidades por todo lo alto. Apoyándose en un sonido a la altura de las
circunstancias (cuando vi a Iron Maiden en este mismo recinto no terminé de
quedar convencido con la acústica), el grupo hizo gala desde el inicio de un
estado de forma monumental. Especialmente sorprendente resultó el propio
Mustaine, tanto en el plano instrumental —la enfermedad no ha mermado su técnica—
como en el vocal, donde, pese a no poseer ya la voz de antaño, sigue saliendo
airoso y sin aparentes dificultades.
Desde
la primera canción hasta la última, la respuesta de la audiencia fue
sencillamente espectacular. No se limitó a acompañar el espectáculo: lo
impulsó. Cada riff era celebrado, cada estribillo coreado y cada clásico
recibido con una pasión que transformó el recinto en una auténtica caldera. Por
momentos recordaba más a algunas de las legendarias audiencias latinoamericanas
que a una actuación habitual en España. Había una entrega constante, una
conexión absoluta con lo que sucedía frente a ellos y una energía que no decayó
ni un solo instante durante toda la noche.
Y
no es una impresión aislada. Ya me ocurrió años atrás viendo a Iron Maiden en
este mismo lugar, cuando salí convencido de haber presenciado una de las
mejores respuestas de público que recordaba en nuestro país. Quien escribe
estas líneas llega desde Tenerife y, siempre que una gira permite escoger
destino, el País Vasco aparece automáticamente entre las primeras opciones. Su manera
de vivir el Heavy Metal me parece muy particular y diferente a la de otros
puntos de la geografía española.
Con
semejante ambiente y una formación del calibre de Megadeth funcionando a pleno
rendimiento, el resultado solo podía ser uno: una de esas noches que permanecen
en la memoria mucho después de que se apaguen las luces y se desmonten los
amplificadores.
Ya
con la hinchada metida en el bolsillo, y continuando con el análisis de la
velada, “Hangar 18”, una pieza clásica que incluiría entre mis favoritas de
toda su discografía, terminó de sembrar el caos con su thrash marca de la casa.
Justo después, títulos como “This Was My Life”, “Skin O' My Teeth” o “Dread and
the Fugitive Mind” recordaron la profundidad de un catálogo prácticamente
inabarcable. De hecho, como cabía esperar, otras composiciones fundamentales de
su trayectoria como “Trust” o “In My Darkest Hour”, por citar dos ejemplos, se
quedaron fuera de un repertorio prácticamente perfecto. Aprovecho también para
destacar lo bien que funcionaron “Let There Be Shred” e “I Don’t Care”, las
otras dos piezas del último trabajo del grupo que encontraron hueco en el set.
La
intensidad jamás decayó. “Sweating Bullets” fue recibida como una auténtica
celebración colectiva y nos permitió contemplar a un Mustaine que realmente
estaba disfrutando tras el micrófono, interpretando con su habitual teatralidad
este clasicazo.
Después
de que “Angry Again” y mi adorada “She-Wolf” elevaran todavía más la
temperatura del BEC, llegó el turno de una dupla de canciones que, dejando a un
lado los clásicos reservados para el cierre, terminó de dejar boquiabierto al
respetable. Primero sonó “Mechanix”, la reinterpretación de “The Four
Horsemen”, tema que Mustaine escribió durante su breve pero intensa estancia en
Metallica y que posteriormente reformuló para dotarlo de una mayor velocidad y
rabia vocal. El resultado fue un estallido de thrash descontrolado acompañado
por un duelo de solos entre Mustaine y Teemu que volvió a poner de manifiesto
la enorme química surgida entre ambos durante los últimos años.
Acto
seguido, el Bizkaia Arena se vino abajo cuando la guitarra del colorado escupió el
inconfundible riff principal de “Ride the Lightning”, versión de Metallica
—otro tema compuesto por Mustaine en aquellos tiempos— que el grupo bordó
durante esta velada. Nuevamente destacaron las explosivas guitarras y la
interpretación vocal del líder de Megadeth. Da gusto comprobar que Dave y
Metallica han dejado atrás desde hace tiempo una rivalidad histórica que
parecía eterna.
Y
entonces llegó una recta final construida sobre una sucesión constante de
clásicos, cada cual más celebrado que el anterior, que cerraron el espectáculo
por todo lo alto y sin apenas espacio para el respiro.
En
primer lugar, “Countdown to Extinction” revivió las melodías que tantos
aficionados aprendimos a amar en el álbum al que da nombre, antes de que
“Tornado Of Souls” permitiera a Teemu rendir homenaje al bueno de Marty
Friedman con un solo glorioso ejecutado con una técnica sencillamente suprema.
Llegó
entonces la hora de las tres de siempre, esas canciones que han convertido a
Megadeth en una banda inmortal. Con un BEC entregado que cantó cada verso y
cada estribillo, los estadounidenses sacaron toda la artillería pesada de la
mano de “Peace Sells”, con aparición de Vic Rattlehead incluida, la no menos
icónica “Symphony of Destruction” —nadie dudó en corear el ya internacional
“aguante Megadeth” popularizado por el público argentino hace un par de
décadas— y, por supuesto, “Holy Wars... The Punishment Due”, una de las mejores
composiciones de la historia del metal (no acepto réplicas) que Mustaine y
compañía interpretaron de forma magistral para poner el broche de oro a una
noche que no olvidaré en mi maldita vida.
Sí,
el espectáculo se quedó por debajo de la hora y media. Pero también es cierto
que pocas formaciones son capaces de concentrar semejante cantidad de
artillería pesada y dejarte sin aliento en tan poco tiempo. No hubo relleno, ni
transiciones innecesarias, ni una sola canción que rebajara el nivel de
intensidad. Cada tema parecía diseñado para impulsar al siguiente todavía más
arriba.
Megadeth
llegó a España con un objetivo muy simple: arrasar. Y vaya si lo consiguió.
Liderados por un Dave Mustaine que sigue plantando cara al tiempo, a la
enfermedad y a las limitaciones físicas con una determinación admirable,
demostraron que algunas leyendas no sobreviven gracias al pasado. Sobreviven
porque todavía son capaces de dominar el presente.

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