Pocas bandas pueden presumir de una trayectoria tan coherente y, al mismo tiempo, tan marcada por la evolución como Corrosion of Conformity. Desde sus primeros pasos en la escena hardcore de los años 80 (imposible olvidar la ferocidad de “Animosity”) hasta su consolidación como uno de los nombres esenciales en la fusión de sludge, heavy metal y rock sureño, el grupo ha sabido desarrollar un lenguaje propio que va más allá de cualquier etiqueta. Álbumes como Blind, Deliverance o Wiseblood no solo marcaron distintas etapas dentro de su carrera, sino que también contribuyeron a definir un sonido que, a día de hoy, continúa siendo referencia dentro del género.
Con
el paso de los años, la banda ha evidenciado una habilidad poco común para
integrar influencias sin perder su esencia. El poso punk de sus inicios, la
densidad heredada de Black Sabbath, el groove característico del sur de Estados
Unidos y una sensibilidad blues que aflora incluso en sus momentos más
contundentes conviven con total naturalidad en su música. Ese equilibrio entre
crudeza y cadencia, entre agresividad y groove, es precisamente lo que ha
permitido que su discografía mantenga un nivel bastante sólido a lo largo del
tiempo, siendo quizá el homónimo Corrosion Of Conformity (2012) y IX (2014) sus
trabajos más discretos y menos memorables, coincidiendo además con la ausencia
del gran Pepper Keenan.
“Good
God / Baad Man” aterriza en un momento especialmente significativo. No solo
supone el regreso discográfico tras varios años de silencio (¿de verdad han
pasado ya ocho años desde “No Cross No Crown”?), sino que lo hace bajo la
inevitable sombra de la pérdida de Reed Mullin, miembro fundador y pieza clave
en la construcción del sonido del grupo. Su fallecimiento en 2020 dejó un vacío
no solo humano, sino también rítmico, ya que Mullin no era un batería al uso,
sino uno de los pilares que sostenían la dinámica interna de la banda. La
incorporación de Stanton Moore no pretende replicar el pasado, sino
reinterpretarlo desde el respeto y la personalidad propia.
Uno
de los aspectos más llamativos de este nuevo trabajo es la decisión de
estructurarlo en dos mitades claramente diferenciadas. Good God y Baad Man
representan dos caras de una misma moneda: la primera, más directa, agresiva y
visceral; la segunda, más abierta, orgánica y profundamente arraigada en el
rock sureño. El resultado —que iremos desgranando tema a tema— funciona tanto
como síntesis de su legado como reafirmación de su vigencia. No hay aquí
intención de reinventar nada ni de adaptarse a modas actuales, sino más bien de
recordar quiénes son y de dónde vienen.
Con
un tema del calibre de “Good Go?/Final Dawn” es imposible no quedar atrapado
desde el inicio. Tras unos primeros segundos hipnóticos, la banda despliega
toda su artillería con riffs expansivos y musculosos que crecen en intensidad
con cada compás. Un arranque perfecto para reflejar el espíritu salvaje que
domina esta primera mitad del disco.
Sin
perder fuerza, el grupo reduce ligeramente el tempo en “You Or Me”, uno de los
adelantos publicados antes del lanzamiento. Aquí se mueven con soltura entre el
hardcore y el doom, generando una atmósfera densa y pegajosa, especialmente en
su tramo central, donde el groove resulta demoledor. Mención especial merece su
explosivo e inesperado desenlace, que deja completamente descolocado al oyente.
Una de esas canciones que se te quedan grabadas desde la primera escucha.
El
conjunto vuelve a sus raíces más punk en “Gimme Some Moore”, el otro single del
LP, y uno de los cortes más rápidos y agresivos que han publicado en los
últimos años. Con una energía casi juvenil, avanzan sin freno durante cuatro
minutos de auténtico caos sonoro. Un temazo incontestable.
El
viaje continúa hacia los noventa con “The Handler”, una pieza más bluesy dentro
de su habitual pesadez, donde las guitarras incorporan una mayor carga de
efectos. Destaca especialmente el apartado vocal, con los aullidos de un
incombustible Pepper a sus 58 años. Por cierto, este tema me ha recordado
bastante a Mastodon, una banda claramente influenciada por Corrosion of
Conformity.
Nos
acercamos al cierre de esta primera parte con dos composiciones que casi
funcionan como una sola unidad. Primero aparece “Bedouin’s Hand”, un interludio
instrumental de carácter atmosférico construido sobre percusiones tribales y
guitarras limpias, que sirve de puente hacia “Run For Your Life”, una ambiciosa
pieza de más de nueve minutos a la que no le sobra ni un segundo. Aquí el grupo
explora su vertiente más progresiva, combinando stoner, doom y una épica
setentera que atrapa desde el primer momento. Uno de los puntos álgidos es el
brillante solo cargado de efectos que se marca Woody Weatherman, permitiendo
además a Keenan aportar algunas líneas de twin guitars. Antes de avanzar, es
necesario destacar el trabajo vocal de Pepper, que llega a desgarrarse en
ciertos pasajes, firmando una interpretación absolutamente sobresaliente.
La
segunda mitad, titulada Baad Man, arranca con el tema homónimo, que desde sus
primeros segundos deja claro que el enfoque cambia por completo. Aquí la banda
se decanta por un sonido más cercano al rock clásico, con riffs cargados de
swing, un tono más luminoso y un groove contagioso reforzado por los golpes de
cowbell que introduce Stanton Moore.
Aunque
comienza con unos toques de sintetizador, “Lose Yourself” irrumpe con un riff
contundente y una base rítmica muy poderosa que golpea de forma constante,
encajando a la perfección con la voz de Keenan.
Con
un enfoque acústico cercano a lo folk, “Mandra Sonos” aparece como segundo
interludio del álbum, aportando un matiz cinematográfico que sirve de antesala
a la brillante “Asleep On The Killing Floor”. Este tema, sucio y directo,
desprende actitud callejera, con un bajo que hace retumbar las entrañas durante
los versos mientras Pepper se deja la piel. Un auténtico hit instantáneo donde
convergen agresividad y groove.
Tras
semejante descarga, llega el momento de bajar pulsaciones con “Handcuff
County”, una pieza que se sumerge en el imaginario sureño de ZZ Top y su
característico boogie tejano, pasado por el filtro de la banda. Es de esos
temas que crecen con cada escucha hasta convertirse en imprescindibles dentro
del disco.
La
veteranía se hace evidente en “Swallowing The Anchor”, una canción de corte
clásico que reúne todos los elementos distintivos del grupo: riffs sólidos,
medio tiempo adictivo, una voz desafiante y una ejecución instrumental
impecable, con destacados punteos de Weatherman.
En
penúltimo lugar, “Brickman” nos adentra en terrenos más introspectivos. Se
trata de una pieza melódica y oscura que avanza con calma, favoreciendo la
profundidad emocional que la banda sabe transmitir en este tipo de
composiciones. Las guitarras acústicas crean una atmósfera pantanosa perfecta
para que Pepper despliegue su registro más sombrío. Una de mis favoritas, sin
duda.
El
cierre llega con “Forever Amplified”, una composición expansiva que, en seis
minutos y treinta y nueve segundos, logra condensar todo lo expuesto a lo largo
del LP. Tras una introducción de tres minutos cercana al doom y al sludge, el
tema crece progresivamente en intensidad, alternando momentos atmosféricos
hasta desembocar en un final épico.
CONCLUSIÓN
Si
“No Cross No Crown” parecía insinuar un reencuentro con su mejor versión, “Good
God / Baad Man” lo confirma de manera rotunda, reafirmando además todo lo que
han sido y continúan siendo como banda. La dualidad entre agresividad y groove
que presentan ambas mitades no fragmenta su identidad, sino que la completa.
Son
muy pocos los grupos con más de cuatro décadas de trayectoria capaces de sonar
tan coherentes, tan vivos y tan fieles a sí mismos. Estamos ante un trabajo
sólido, variado y honesto, que requiere escuchas reposadas para apreciar todos
sus matices.
Para
mí, este álbum se posiciona como un serio candidato a estar entre lo mejor de
2026.

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