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Corrosion Of Conformity - Good God/Baad Man (2026)

Calificación:***** (8,5)

Pocas bandas pueden presumir de una trayectoria tan coherente y, al mismo tiempo, tan marcada por la evolución como Corrosion of Conformity. Desde sus primeros pasos en la escena hardcore de los años 80 (imposible olvidar la ferocidad de “Animosity”) hasta su consolidación como uno de los nombres esenciales en la fusión de sludge, heavy metal y rock sureño, el grupo ha sabido desarrollar un lenguaje propio que va más allá de cualquier etiqueta. Álbumes como Blind, Deliverance o Wiseblood no solo marcaron distintas etapas dentro de su carrera, sino que también contribuyeron a definir un sonido que, a día de hoy, continúa siendo referencia dentro del género.

Con el paso de los años, la banda ha evidenciado una habilidad poco común para integrar influencias sin perder su esencia. El poso punk de sus inicios, la densidad heredada de Black Sabbath, el groove característico del sur de Estados Unidos y una sensibilidad blues que aflora incluso en sus momentos más contundentes conviven con total naturalidad en su música. Ese equilibrio entre crudeza y cadencia, entre agresividad y groove, es precisamente lo que ha permitido que su discografía mantenga un nivel bastante sólido a lo largo del tiempo, siendo quizá el homónimo Corrosion Of Conformity (2012) y IX (2014) sus trabajos más discretos y menos memorables, coincidiendo además con la ausencia del gran Pepper Keenan.

“Good God / Baad Man” aterriza en un momento especialmente significativo. No solo supone el regreso discográfico tras varios años de silencio (¿de verdad han pasado ya ocho años desde “No Cross No Crown”?), sino que lo hace bajo la inevitable sombra de la pérdida de Reed Mullin, miembro fundador y pieza clave en la construcción del sonido del grupo. Su fallecimiento en 2020 dejó un vacío no solo humano, sino también rítmico, ya que Mullin no era un batería al uso, sino uno de los pilares que sostenían la dinámica interna de la banda. La incorporación de Stanton Moore no pretende replicar el pasado, sino reinterpretarlo desde el respeto y la personalidad propia.

Uno de los aspectos más llamativos de este nuevo trabajo es la decisión de estructurarlo en dos mitades claramente diferenciadas. Good God y Baad Man representan dos caras de una misma moneda: la primera, más directa, agresiva y visceral; la segunda, más abierta, orgánica y profundamente arraigada en el rock sureño. El resultado —que iremos desgranando tema a tema— funciona tanto como síntesis de su legado como reafirmación de su vigencia. No hay aquí intención de reinventar nada ni de adaptarse a modas actuales, sino más bien de recordar quiénes son y de dónde vienen.

Con un tema del calibre de “Good Go?/Final Dawn” es imposible no quedar atrapado desde el inicio. Tras unos primeros segundos hipnóticos, la banda despliega toda su artillería con riffs expansivos y musculosos que crecen en intensidad con cada compás. Un arranque perfecto para reflejar el espíritu salvaje que domina esta primera mitad del disco.

Sin perder fuerza, el grupo reduce ligeramente el tempo en “You Or Me”, uno de los adelantos publicados antes del lanzamiento. Aquí se mueven con soltura entre el hardcore y el doom, generando una atmósfera densa y pegajosa, especialmente en su tramo central, donde el groove resulta demoledor. Mención especial merece su explosivo e inesperado desenlace, que deja completamente descolocado al oyente. Una de esas canciones que se te quedan grabadas desde la primera escucha.

El conjunto vuelve a sus raíces más punk en “Gimme Some Moore”, el otro single del LP, y uno de los cortes más rápidos y agresivos que han publicado en los últimos años. Con una energía casi juvenil, avanzan sin freno durante cuatro minutos de auténtico caos sonoro. Un temazo incontestable.

El viaje continúa hacia los noventa con “The Handler”, una pieza más bluesy dentro de su habitual pesadez, donde las guitarras incorporan una mayor carga de efectos. Destaca especialmente el apartado vocal, con los aullidos de un incombustible Pepper a sus 58 años. Por cierto, este tema me ha recordado bastante a Mastodon, una banda claramente influenciada por Corrosion of Conformity.

Nos acercamos al cierre de esta primera parte con dos composiciones que casi funcionan como una sola unidad. Primero aparece “Bedouin’s Hand”, un interludio instrumental de carácter atmosférico construido sobre percusiones tribales y guitarras limpias, que sirve de puente hacia “Run For Your Life”, una ambiciosa pieza de más de nueve minutos a la que no le sobra ni un segundo. Aquí el grupo explora su vertiente más progresiva, combinando stoner, doom y una épica setentera que atrapa desde el primer momento. Uno de los puntos álgidos es el brillante solo cargado de efectos que se marca Woody Weatherman, permitiendo además a Keenan aportar algunas líneas de twin guitars. Antes de avanzar, es necesario destacar el trabajo vocal de Pepper, que llega a desgarrarse en ciertos pasajes, firmando una interpretación absolutamente sobresaliente.

La segunda mitad, titulada Baad Man, arranca con el tema homónimo, que desde sus primeros segundos deja claro que el enfoque cambia por completo. Aquí la banda se decanta por un sonido más cercano al rock clásico, con riffs cargados de swing, un tono más luminoso y un groove contagioso reforzado por los golpes de cowbell que introduce Stanton Moore.

Aunque comienza con unos toques de sintetizador, “Lose Yourself” irrumpe con un riff contundente y una base rítmica muy poderosa que golpea de forma constante, encajando a la perfección con la voz de Keenan.

Con un enfoque acústico cercano a lo folk, “Mandra Sonos” aparece como segundo interludio del álbum, aportando un matiz cinematográfico que sirve de antesala a la brillante “Asleep On The Killing Floor”. Este tema, sucio y directo, desprende actitud callejera, con un bajo que hace retumbar las entrañas durante los versos mientras Pepper se deja la piel. Un auténtico hit instantáneo donde convergen agresividad y groove.

Tras semejante descarga, llega el momento de bajar pulsaciones con “Handcuff County”, una pieza que se sumerge en el imaginario sureño de ZZ Top y su característico boogie tejano, pasado por el filtro de la banda. Es de esos temas que crecen con cada escucha hasta convertirse en imprescindibles dentro del disco.

La veteranía se hace evidente en “Swallowing The Anchor”, una canción de corte clásico que reúne todos los elementos distintivos del grupo: riffs sólidos, medio tiempo adictivo, una voz desafiante y una ejecución instrumental impecable, con destacados punteos de Weatherman.

En penúltimo lugar, “Brickman” nos adentra en terrenos más introspectivos. Se trata de una pieza melódica y oscura que avanza con calma, favoreciendo la profundidad emocional que la banda sabe transmitir en este tipo de composiciones. Las guitarras acústicas crean una atmósfera pantanosa perfecta para que Pepper despliegue su registro más sombrío. Una de mis favoritas, sin duda.

El cierre llega con “Forever Amplified”, una composición expansiva que, en seis minutos y treinta y nueve segundos, logra condensar todo lo expuesto a lo largo del LP. Tras una introducción de tres minutos cercana al doom y al sludge, el tema crece progresivamente en intensidad, alternando momentos atmosféricos hasta desembocar en un final épico.

CONCLUSIÓN

Si “No Cross No Crown” parecía insinuar un reencuentro con su mejor versión, “Good God / Baad Man” lo confirma de manera rotunda, reafirmando además todo lo que han sido y continúan siendo como banda. La dualidad entre agresividad y groove que presentan ambas mitades no fragmenta su identidad, sino que la completa.

Son muy pocos los grupos con más de cuatro décadas de trayectoria capaces de sonar tan coherentes, tan vivos y tan fieles a sí mismos. Estamos ante un trabajo sólido, variado y honesto, que requiere escuchas reposadas para apreciar todos sus matices.

Para mí, este álbum se posiciona como un serio candidato a estar entre lo mejor de 2026.


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