Hablar de Exodus es remitirse directamente a los cimientos del thrash metal. Formados en la Bay Area a finales de los 70, fueron una pieza clave dentro de ese movimiento que cambiaría para siempre la historia del metal junto a nombres como Metallica, Slayer o Anthrax. Su debut, el mismísimo “Bonded by Blood” (ya va siendo hora de traerlo al blog, ¿no?), no solo es un clásico incuestionable, sino también uno de los discos fundacionales del género que, cuarenta años después, continúa sonando tan vigente y demoledor como el primer día.
A
diferencia de muchos de sus contemporáneos, Exodus jamás ha sido una banda
acomodada. Su trayectoria ha estado marcada por constantes cambios de
formación, idas y venidas —especialmente en la voz— y una lucha permanente por
mantenerse relevantes sin renunciar a su identidad. En ese escenario, el
regreso de Rob Dukes, quien ya formó parte del grupo entre 2005 y 2014, vuelve
a colocar a la banda en una posición interesante: no se trata de un simple
revival, sino de una nueva oportunidad para redefinir su presente.
Con
“Goliath”, su duodécimo álbum de estudio, Exodus evita vivir de las rentas del
pasado. Por el contrario, presenta un trabajo que fusiona la violencia clásica
del thrash de la Bay Area con una producción moderna, una mayor diversidad
estructural y ciertos elementos experimentales que, en líneas generales,
funcionan. El resultado es un disco que, aun sin ser perfecto, transmite algo
esencial: la sensación de una banda veterana que todavía tiene hambre, rabia y
el deseo de demostrar que puede competir con cualquiera.
El
viaje arranca con “3111”, una pieza que comienza de forma inquietante antes de
estallar en un arsenal de riffs salvajes cortesía de Gary Holt, desplegando
sobre el oyente el thrash más ácido y tradicional. Poco después, como si se
tratara de un hijo pródigo, nos reencontramos con Rob Dukes y su voz
sanguinaria, que irrumpe escupiendo letras cargadas de crudeza entre rugidos
descarnados. Es un arranque que deja claro que Exodus sigue sabiendo cómo
golpear primero y preguntar después.
Como
segundo plato, la banda nos ofrece uno de los cortes más rápidos y agresivos
del álbum. “Hostis Humani Generis” es thrash de la vieja escuela, con una base
instrumental que no concede tregua, generando una sensación de ataque constante
sobre el oyente. Estamos, sin duda, ante un tema ideal para desatar grandes
mosh pits en directo.
El
primer giro rompedor del LP aparece en la curiosa “The Changing Me”, que
apuesta por un enfoque más dinámico en el que la banda alterna secciones
pesadas con otras donde sorprenden las voces limpias gracias a la colaboración
de Peter Tägtgren (Pain). Este contraste entre melodía y agresividad, aunque se
aleja en cierta medida de la faceta más cruda y visceral del grupo que
personalmente más disfruto (seguro que también le habrá pasado a su sector más
purista), refleja el interés de Exodus por seguir explorando y ampliando sus
horizontes compositivos a estas alturas de su carrera. Tal vez, y solo tal vez,
su duración se extienda un poco más de lo necesario.
Mucho
más clásica y convincente resulta “Promise You This”, último single presentado
en los días previos al lanzamiento del LP. Aquí, el groove de las guitarras
(¡qué bueno es el maldito Gary Holt!) y la potente base rítmica de Tom Hunting
construyen el terreno perfecto para que Dukes demuestre su versatilidad,
dejando de lado sus registros más extremos para lucir un tono más limpio.
Aunque
no voy a ocultar que su duración me parece algo excesiva para la escasez de
giros rítmicos, la homónima “Goliath” termina ganando enteros con las escuchas.
En este corte, el quinteto se aleja del thrash para construir una atmósfera
densa y opresiva, más cercana al doom, donde el bajo de Jack Gibson adquiere un
protagonismo casi absoluto. Destacan especialmente los punteos de guitarras
gemelas que Gary y Lee introducen en unos estribillos simples pero muy
efectivos, bien defendidos por Dukes. Es un tema que probablemente divida
opiniones, pero que con el tiempo logra convencer.
Y
tras la densidad… ¡llega la tormenta! “Beyond the Event Horizon” abre las
puertas del infierno a base de riffs para devolvernos al terreno más
reconocible de Exodus: velocidad, filo y estructuras directas. Mi momento
favorito aquí es el duelo de solos vertiginosos entre Gary Holt y Lee Altus.
Esto es thrash, señorías.
Sin
perder agresividad, “2 Minutes Hate” pone el acento en el groove mediante un
ritmo medio ácido que se construye sobre un bajo vibrante y una serie de riffs
efectivos. No es de las canciones que más me han atrapado, quizá por su enfoque
más rítmico o, dicho de otro modo, menos veloz. Tampoco termina de convencerme
“Violence Works”, una pieza que mantiene esa línea híbrida en la que conviven
riffs agresivos con giros estructurales pensados para mantener la atención,
aunque el resultado se percibe algo menos inspirado que en otros momentos del
disco.
Por
suerte, en penúltimo lugar la banda nos regala la excelente “Summon the God
Unknown” y sus más de siete minutos de ambición desmedida. Su arranque lento y
pesado sugiere un nuevo guiño al doom, algo que pronto desmiente Holt con un
despliegue salvaje de riffs que nos conduce hacia pasajes más rápidos y
contundentes.
Para
cerrar con buen sabor de boca, el quinteto reserva “The Dirtiest of the Dozen”,
un auténtico estallido de thrash llevado a su expresión más agresiva y directa,
que nos devuelve de un golpe a los orígenes del grupo. Aquí destacaría
especialmente el trabajo técnico de ambas guitarras, que ofrecen punteos
demenciales a lo largo de varias secciones del tema.
CONCLUSIÓN
Con
sus momentos más brillantes y otros algo más prescindibles, “Goliath” reafirma
a Exodus como una de las bandas más peligrosas, relevantes y auténticas del
thrash metal. Más de cuarenta años después, el grupo sigue siendo capaz de
recuperar su esencia clásica apoyándose en elementos modernos y ciertos
experimentos sonoros (no todos igual de logrados) que aportan un aire
contemporáneo a su etapa actual.
El
regreso de Rob Dukes resulta convincente, mostrándose más versátil que en el
pasado, mientras que el tándem Holt–Altus continúa funcionando como una
maquinaria de riffs implacable.
Puede
que no sea un álbum perfecto, pero tampoco era lo esperado a estas alturas. En
un género donde muchas bandas viven ancladas en la nostalgia, Exodus demuestra
que el thrash sigue siendo un terreno vivo, peligroso y en constante evolución.

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