Tras un mes de enero en el que las obligaciones laborales me han mantenido prácticamente apartado de la escritura, quiero inaugurar el segundo mes del año trayendo por fin al Blog a una banda histórica como Savatage y a uno de sus trabajos más emblemáticos, el inmortal “Hall Of The Mountain King”.
El cuarto álbum del grupo supuso la definición definitiva de su identidad
y la apertura total hacia una vertiente más épica, teatral y ambiciosa del
heavy metal estadounidense. Publicado en 1987, el disco captura el instante
exacto en el que la formación liderada por los hermanos Jon y Criss Oliva deja
atrás cualquier rastro de indefinición para levantar un universo propio, oscuro
y profundamente emocional, que más adelante cristalizaría en obras monumentales
como “Gutter Ballet” o “Streets”, aunque, en lo personal, el LP que hoy nos
ocupa sigue siendo mi favorito de toda su discografía.
Hasta ese punto, Savatage había dado muestras de un potencial enorme,
aunque acompañado de cierta irregularidad. Trabajos como “Sirens” o “The
Dungeons Are Calling” exhibían crudeza y personalidad, mientras que mi muy
querido “Power of the Night” apuntaba hacia un heavy metal más accesible, si
bien todavía algo genérico. Con “Hall of the Mountain King”, la banda opta
claramente por el riesgo: endurece su propuesta, potencia la atmósfera
dramática y, sobre todo, sitúa la emoción y la narrativa como pilares fundamentales
de su sonido.
La producción, mucho más sólida y ambiciosa que en entregas anteriores,
permite que cada elemento respire con nitidez. La guitarra del injustamente
infravalorado Criss Oliva alcanza aquí un grado de expresividad sobresaliente,
alternando agresividad y lirismo con una naturalidad pasmosa, mientras que la
voz de Jon Oliva se consolida como uno de los instrumentos más personales y
reconocibles del metal de los 80: teatral, intensa, desgarrada y capaz de
transmitir vulnerabilidad y furia a partes iguales.
“24 Hrs. Ago” abre el álbum de manera arrolladora, generando una sensación
inmediata de urgencia. Riffs cortantes, un solo demoledor de Criss, ritmo
acelerado y una interpretación vocal abrasiva por parte de un inspirado Jon
Oliva marcan un comienzo contundente y tremendamente prometedor. Se trata de un
tema directo, casi callejero, que atrapa al oyente antes de que el disco
despliegue por completo su faceta más épica.
Más pesada y sombría se presenta “Beyond the Doors of the Dark”, una
composición que introduce el tono siniestro que recorrerá buena parte del álbum
y que confirma el excelente estado de forma del conjunto. Cambios rítmicos, una
instrumentación más densa y el salvajismo vocal de Jon llevado a su máximo
exponente de dinamismo y dramatismo nos mecen durante cinco minutos
absolutamente mágicos.
Palabras mayores para “Legions”, uno de los cortes más agresivos del
trabajo, en el que la banda engrana la quinta marcha para volarnos la cabeza
con una propuesta rápida y feroz, coronada por un estribillo de carácter casi
marcial. Una vez más, no puedo sino rendirme ante la magia técnica de Criss
Oliva, quien deja su sello desde los primeros compases con punteos
sencillamente inhumanos.
Y tras este inicio vibrante llega el momento de dejarnos llevar por la
elegancia de la mítica “Strange Wings”, una de las primeras grandes joyas
emocionales de Savatage. Sin renunciar a la profundidad ni a la distorsión, el
grupo nos sumerge en un clima melancólico y melódico que parecía anticipar lo
que estaba por llegar poco después con la descomunal “Gutter Ballet” (de hecho,
encuentro ciertas semejanzas sonoras y estructurales con dicho número). Su
estribillo resulta tan pegadizo como inolvidable.
Reconozco que en un primer momento tenía la intención de reseñar “Prelude
to Madness” junto al tema que le sigue inmediatamente, ya que actúa como su
obertura instrumental, pero su calidad es tal que merece un párrafo exclusivo.
En apenas tres minutos, Criss Oliva despliega su inagotable talento para jugar
con distintas tonalidades y atmósferas, construidas a través de sus punteos.
Oscura e inquietante, esta pieza sirve como particular homenaje del malogrado
guitarrista a la célebre composición de música clásica firmada por Edvard Grieg
que da nombre al álbum y que precede al momento más grande de todo el LP.
“Hall of the Mountain King” es el auténtico corazón del disco y uno de los
grandes himnos de Savatage. Aún recuerdo la primera vez que escuché la canción
acompañada de su videoclip ochentero y quedé fascinado tanto por la
interpretación dramática de Jon Oliva como por el archiconocido riff de
guitarra de su hermano Criss. Una de las mejores canciones de Heavy Metal de
toda la década de los 80, sin discusión posible. Siéntense y disfruten,
señorías.
A pesar de la grandeza del tema anterior, “The Price You Pray” se niega a
quedar eclipsado y nos deja boquiabiertos con su equilibrada mezcla de
agresividad y teatralidad vocal, donde melodías y riffs macizos conviven en
perfecta armonía, reforzando el carácter dinámico del álbum. No se trata de uno
de los cortes más populares de su catálogo, pero eso no le resta un ápice de
mérito.
Y llegamos a mi adorada “White Witch”, otro clásico de Savatage en el que
los americanos nos sacuden con una tormenta de Metal acelerado y oscuro,
coronada tanto por un estribillo que parece beber directamente de Motörhead
como por un solo breve pero sublime de Criss. A nivel lírico, la banda vuelve a
apostar por narrar historias fantásticas a través de su música épica. Un
numerazo en toda regla.
La breve “Last Dawn”, con su delicada belleza arpegiada, sirve de antesala
al mastodóntico desenlace que supone “Devastation”. La banda opta por cerrar de
forma agresiva y sin concesiones, retomando la contundencia dominante a lo
largo de la obra para despedirnos por todo lo alto de un álbum prácticamente
perfecto.
CONCLUSIÓN
“Hall of the Mountain King” es el disco en el que Savatage dejó de ser una
banda prometedora para convertirse en una fuerza creativa única dentro del
Metal. Posteriormente llegarían trabajos más refinados y, para muchos
seguidores, superiores a este del que les acabo de hablar, pero, siendo
totalmente sincero, para mí esta es la obra más grande de los hermanos Oliva.
En pleno 2026, y a las puertas de su 40 aniversario, este álbum continúa siendo
una escucha imprescindible para cualquier amante del heavy metal con vocación
épica.


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