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Whitesnake - Whitesnake (1987)

Calificación:*****

La primera reseña que escribo en 2026 quería que sirviera para algo más que analizar un disco: quería que fuese un acto de gratitud. A finales del año pasado, David Coverdale anunció oficialmente su jubilación, poniendo punto final a una de las carreras más longevas, carismáticas y personales que ha dado el Hard-Rock británico. Y pocas obras representan mejor la grandeza, las contradicciones y el impacto de Whitesnake que este álbum homónimo —conocido popularmente como “1987”—, una pieza que no solo definió al grupo, sino que marcó a toda una generación.

Llegado a este punto de su carrera, Coverdale ya lo había vivido todo: el prestigio junto a Deep Purple, la reinvención Blues-Rock de los primeros Whitesnake, el desgaste de giras interminables y cambios de formación constantes. “1987” no nace de la comodidad, sino del conflicto, de la obsesión por alcanzar una visión artística total. Fue un disco reconstruido, regrabado, remezclado y prácticamente reinventado para el mercado norteamericano, con una nueva alineación y un sonido mucho más musculoso, más sensual y más inmediato. La tibia recepción de un álbum mayúsculo como “Slide It In” generó una inestabilidad en la mente de un Coverdale que decidió jugársela a una carta y reconstruir casi por completo el grupo, provocando la salida de miembros históricos. Es en este momento en el que David decide contratar a un guitarrista que en su breve estancia dejaría una huella inmensa en el sonido del grupo: John Sykes. Este guitarrista originario de Reading se había labrado una merecida reputación gracias a su enorme desempeño en los últimos años de Thin Lizzy y con Whitesnake no sería excepción. Sykes ayudó enormemente a redefinir el sonido de un grupo que quería abrirse a una audiencia mayor y conquistar, por fin, el mercado norteamericano.

Pero reducir 1987 a “el disco comercial de Whitesnake” es injusto y simplista. Bajo su producción reluciente hay canciones sólidas, interpretaciones vocales extraordinarias y una narrativa emocional muy clara donde conviven el deseo, la pérdida, la redención y el exceso. Y, por encima de todo, está la voz de Coverdale, en uno de los momentos más impresionantes de su vida artística: poderosa, rota, bluesy, seductora y absolutamente reconocible.

La portada, por cierto, es tan famosa como el disco mismo. Minimalista, sensual y provocadora, se convirtió en una imagen icónica del Hard Rock de los 80. No muestra a la banda, pero deja entrever intimidad, deseo y misterio, elementos que están muy presentes a lo largo de todo el álbum.

Antes de empezar con el análisis musical me gustaría matizar que en la reseña he querido incluir todas las canciones que conformaron las diferentes versiones del álbum ya que, en algunos casos, temas como "Children Of The Night" no aparecían. 

Empezamos con una versión regrabada de “Crying In The Rain”, tema que había aparecido originalmente en “Saints And Sinners” (1982), pero que el grupo quiso reivindicar con una versión más pesada y amenazante, especialmente en esas capas de guitarra que rozan el Metal, especialmente en un complejo solo que demuestra la técnica del gran Sykes. Coverdale suena majestuoso, dominando cada nota con esa mezcla de sensualidad y teatralidad que lo convirtió en eterno. La canción gana un carácter épico que la versión original solo insinuaba.

En segundo lugar tenemos la célebre “Bad Boys”, uno de los temas más usados por el grupo para abrir sus conciertos debido a su explosión de actitud y arrogancia callejera, cimentada en unas pistas de guitarra sudorosas, una batería desenfrenada y un David Covedale de primer nivel.  Temazo imprescindible para conocer a Whitesnake.

Y llegamos a la joya de la corona de Whitesnake. “Still Of The Night” es oscura, es sensual….¡es un clásico mayúsculo de los años 80! Inspirada obviamente en el sonido de Led Zeppelin, pero sin caer en la copia, es una pieza compleja, cambiante y sólida tanto en el plano instrumental como vocal. Tras un inicio frenético, las revoluciones bajan en un intermedio donde el gran Don Airey deja su impronta tras los teclados, creando un pasaje dramático idóneo para que Coverdale nos entregue una de las interpretaciones vocales más intensas de su carrera, transformando el deseo en algo místico.

Como sucedió con “Cryin’ In The Rain”, la banda tampoco desaprovechó la oportunidad para regrabar “Here I Go Again”, su más célebre balada junto a “Is This Love”, cuya versión original también la encontramos en “Saints And Sinners”. Esta versión pule notablemente la composición primeriza, apostando por una producción más radiofónica. Más allá de eso, estamos ante un clásico ochentero que aseguró la eternidad del grupo, donde Coverdale luce su faceta más sentimental mientras nos habla sobre la soledad y la perseverancia.

El disco vuelve a aumentar la intensidad con “Give Me All Your Love”, un tema de estructura clásica de Hard-Rock, cimentado sobre un riff inmediato y un estribillo infeccioso, en el que Coverdale hace auténticos malabares con su garganta,  y un posterior solo de altos vuelos por parte de Sykes. Un tema hecho para triunfar en directo. Es uno de esos cortes que no buscan reinventar nada, sino ejecutar a la perfección una fórmula que Whitesnake dominaba como pocos.

Y como antes les comentaba, “Is This Love”, es la otra gran balada de estos británicos. Se han escrito cientos (o miles) de reseñas y análisis obre esta canción, pero no puedo desaprovechar la oportunidad para reivindicar una vez más esta composición que, lejos de ser empalagosa, destaca por su contención y su sensibilidad, la cual amplifica un Coverdale humano y sensible. El éxito masivo que tuvo jamás empañará su calidad compositiva ni la sinceridad que transmite.

Una de las joyas menos reivindicadas del álbum y, paradójicamente, una de las que mejor envejecen es “Children of the Night”. Esta composición avanza como un tanque, destrozando todo lo que se interpone en su camino con riffs musculosos, coros de escándalo y un nuevo puente-estribillo de muchos quilates.

Otra infravalorada como “Straight for the Heart” es rápida y afilada, pero al mismo tiempo ofrece un enorme trabajo melódico gracias a los arreglos de teclado. Un tema enérgico que refuerza la vitalidad y la versatilidad de un álbum al que nunca seré capaz de poner una sola pega.

Y seguimos reivindicando canciones menos clásicas, pero igual de convincentes, con “Don’t Turn Away”, una balada suplicante que ha quedado relegada a un segundo plano por “culpa” de las ya citadas “Is This Love” y “Here I Go Again”. Sin embargo, estamos ante un número con una dimensión emocional importante, donde Coversale deja a un lado el exceso, para conmovernos con una vulnerabilidad honesta.

Los amantes del Hard-Rock melódico disfrutarán de lo lindo con “You’re Gonna Break My Heart Again”, pieza eléctrica, pero con una enorme dosis de sentimiento en los coros. Estamos ante un corte que, pese a no pasar a la historia, crece con cada nueva escucha.

Terminamos el camino con “Looking for Love”, un número luminoso y optimista tras tanta intensidad lírica, donde el deseo y el conflicto han marcado el patrón del álbum. No es el tema más complejo, pero sí uno de los más sinceros, funcionando como epílogo emocional a una obra maestra.

CONCLUSIÓN

Más allá de ser el disco más exitoso de Whitesnake, “1987” es el álbum que convirtió a David Coverdale y compañía en figuras inmortales del Rock. Es obra representa el momento en que una banda se jugó todo a una carta… y ganó.

Hoy, con Coverdale oficialmente retirado, este álbum suena distinto. Ya no es solo un recuerdo de juventud o una referencia histórica: es un testimonio de lo que ocurre cuando talento, obsesión y pasión se alinean. Whitesnake se despide dejando una obra que sigue viva, poderosa y emocionalmente vigente.

Un homenaje no necesita solemnidad excesiva. A veces basta con volver a escuchar un disco que te marcó profundamente.

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