"El momento en que cinco suecos conquistaron el planeta con teclados, melodía y una ambición descomunal"
Pocas
veces un disco ha conseguido encapsular de manera tan precisa el espíritu de
toda una época como “The Final Countdown”. Publicado en 1986, el tercer álbum
de Europe no solo convirtió a la banda en un fenómeno global: acabó
transformándose en uno de los símbolos definitivos del rock de estadio de los
años 80.
Pero
detrás de ese icono cultural hay mucho más de lo que normalmente suele
recordarse. Porque sí, el disco contiene una de las canciones más reconocibles
de todos los tiempos. Sí, su sonido está profundamente ligado a la estética
ochentera. Y sí, durante décadas mucha gente redujo a Europe a aquel teclado
inmortal que sonaba en eventos deportivos, anuncios y programas de televisión.
Sin
embargo, escuchar hoy “The Final Countdown” de principio a fin permite
descubrir algo importante: Europe era una banda mucho más sólida y versátil de
lo que el cliché histórico dejó entrever.
A
comienzos de los 80, el grupo ya figuraba entre las grandes promesas del hard
rock europeo. Inspirados tanto por el heavy metal melódico británico como por
el hard rock americano, los suecos habían deslumbrado al viejo continente con
dos trabajos tan consistentes como su debut homónimo (1983) o el monumental
“Wings Of Tomorrow” (1984). Aun así, al quinteto todavía le faltaba la obra
definitiva para alcanzar la fama internacional y conquistar el tan ansiado
mercado estadounidense.
Ese salto
llegó en 1986, acompañado además de un contexto absolutamente clave. El hard
rock melódico explotaba comercialmente gracias a bandas como Bon Jovi, Def
Leppard o Van Halen, mientras MTV convertía la imagen en un elemento casi tan
importante como la propia música. Europe entendió perfectamente el momento:
estética llamativa, producción gigantesca y canciones concebidas para estadios…
aunque sin renunciar del todo a esa sensibilidad europea más elegante y
melódica.
Joey
Tempest poseía una capacidad innata para construir himnos memorables, mientras
John Norum aportaba un enfoque guitarrístico más duro y técnico, claramente
influenciado por el hard rock clásico. Paradójicamente, esa dualidad acabaría
generando tensiones internas. Norum nunca terminó de sentirse cómodo con el
creciente protagonismo de los teclados ni con la dirección excesivamente
comercial que comenzaba a adoptar el grupo. Poco después del lanzamiento
abandonaría la formación, convirtiendo este álbum en el gran testamento de la
alineación clásica. De hecho, Kee Marcello, su sustituto, ya aparece en algunos
videoclips promocionales del LP.
Dicho
esto… ¡dentro música!
¿Qué se
puede decir a estas alturas del tema que da nombre al disco? Su riff inicial de
teclado, compuesto por Joey Tempest, ya forma parte de la historia de la música
popular. Curiosamente, el cantante lo creó pensando que sería una simple
introducción para los conciertos de la banda, pero terminó convirtiéndose en un
fenómeno global.
Sin
embargo, y muy lejos de lo que suele pensar el oyente medio, la canción va
muchísimo más allá de su introducción o de su celebérrimo estribillo. Hay
multitud de detalles que merecen todos los honores: la batería posee un aire
casi marcial, la interpretación vocal transmite una mezcla de emoción y
grandiosidad dificilísima de lograr sin caer en el ridículo, la temática
espacial añade tintes épicos y futuristas y, por supuesto, aparece el glorioso
solo de John Norum, quien ignora por completo el dominio de los sintetizadores
para marcarse uno de los punteos más complejos de toda su trayectoria.
Nunca me
cansaré de decir que Europe son mucho más que “The Final Countdown”. De hecho,
justo después encontramos otro de los grandes himnos de los suecos: “Rock the
Night”, un ejercicio de hard rock callejero y pegadizo que lleva cuatro décadas
sembrando el caos en cada concierto del grupo. Sobre un riff sólido y directo,
Tempest construye melodías vocales memorables que alcanzan su cénit en un
estribillo absolutamente adictivo.
También
hace tiempo que se agotaron los calificativos para describir “Carrie”, la
celebérrima balada que terminó de abrirles definitivamente las puertas del
mercado estadounidense. Construida inicialmente sobre piano y voz, explota el
lado más emocional de la banda sin caer por completo en la sensiblería excesiva
que caracterizó a tantas power ballads de la época. Palabras mayores para la
interpretación de Tempest, quien transmite sinceridad sin necesidad de recurrir
al dramatismo sobreactuado.
En
cualquier caso, siempre seré más fan de la faceta más heavy de Europe, algo que
podemos comprobar perfectamente en la posterior “Danger On The Track”. Aunque
los teclados siguen teniendo presencia, aquí la guitarra de Norum lleva
claramente la voz cantante, aportando una mayor tensión al resultado y
transmitiendo una sensación de urgencia constante. Un tema tremendamente
infravalorado.
“Ninja” es un corte cien por cien ochentero, siempre en el mejor sentido posible. Se trata de una pieza teatral, épica y exagerada, donde la instrumentación y la melodramática voz de Tempest crean una ambientación muy cinematográfica. Los teclados, además, aportan una atmósfera oriental realmente conseguida.
Llega el
turno de un clasicazo como “Cherokee”, composición donde Europe saca a relucir
su lado más social para denunciar el sufrimiento y el desplazamiento del pueblo
cherokee (los verdaderos nativos americanos, aunque a ciertos casposos todavía
les cueste reconocerlo). Hard rock sólido, con grandes guitarras y
sintetizadores, que atrapa desde la primera escucha gracias a una estructura
perfectamente definida y a un Tempest absolutamente cautivador. Y sí, es
imposible no rendirse ante su estribillo, probablemente uno de los mejores que
Europe nos ha regalado en toda su carrera.
Joey
Tempest acapara prácticamente toda la atención en la menos popular “Time Has
Come”, una composición más sombría y reflexiva donde las emociones fluyen por
encima de la espectacularidad predominante en el resto del álbum. No es una de
mis favoritas del LP, pero mantiene intacta la personalidad que el quinteto
quería imprimir a lo largo del disco.
Y llegamos
a mi querida “Heart Of Stone”, una pieza con clara inspiración AOR donde la
banda parece tocada por una varita mágica. El grupo avanza con una solidez
martilleante que no concede un solo respiro. El trabajo coral durante el
puente-estribillo resulta fundamental, al igual que la enorme fuerza rítmica
que Norum imprime desde la guitarra.
Volvemos
al rock más dinámico y americano de la mano de “On The Loose”, un corte que no
pretende reinventar absolutamente nada. Simplemente busca funcionar y hacernos
mover la cabeza de principio a fin, algo que consigue sin el menor esfuerzo.
Una canción que me resulta imposible ignorar cada vez que regreso a este álbum.
Todo
termina de manera rápida, explosiva y tremendamente pegadiza gracias a “Love
Chaser”. Da la sensación de que el grupo era plenamente consciente de que
acababa de firmar un álbum enorme y, precisamente por eso, decidió apostar por
un cierre a la altura. Los suecos ofrecen aquí una última descarga de
adrenalina, destacando nuevamente el trabajo de un Norum que dejó muy claro por
qué su marcha acabaría siendo tan importante para el futuro de la banda.
CONCLUSIÓN
El éxito
de “The Final Countdown” fue tan gigantesco que terminó convirtiéndose casi en
una prisión para Europe. El álbum vendió millones de copias, dominó MTV y
transformó a la banda en estrellas mundiales, pero también acabó
encasillándolos.
Durante
años, parte de la crítica trató el disco como un simple producto comercial
ochentero, sin detenerse realmente a apreciar la enorme calidad sonora que
escondían sus canciones. Sin embargo, el tiempo ha sido extremadamente generoso
con él. Escuchado hoy, sigue siendo una colección extraordinariamente sólida de
hard rock melódico.
No todo el
mundo es capaz de escribir una canción inmortal. Mucho menos acompañarla de un
álbum repleto de himnos capaces de sostener semejante peso. Europe lo consiguió
y por eso “The Final Countdown” continúa brillando cuarenta años después.
Y si has
llegado hasta aquí, me gustaría aprovechar también para reivindicar toda la
discografía de Europe, una banda que fue muchísimo más allá de esta obra.
“Wings Of Tomorrow”, “Out Of This World” o incluso su debut homónimo tienen
poco, o directamente nada, que envidiarle a esta auténtica obra maestra.


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