La historia de Lynch Mob siempre ha sido la del empeño de George Lynch por conquistar su propia libertad. Al fin y al cabo, hablamos de un proyecto que, aunque surgido bajo la sombra de Dokken, terminó convirtiéndose con el tiempo en un ente autónomo, mutable, imprevisible y constantemente creativo. Desde Wicked Sensation (1990) hasta la etapa reciente en la que Lynch renovó por completo la formación, la trayectoria de Lynch Mob ha sido la de un guitarrista decidido a no repetir fórmulas y que utilizó este nombre como campo de pruebas para una libertad absoluta.
Tres
décadas y media después, el músico pone punto final a esta aventura con un
último álbum titulado “Dancing With The Devil”, concebido para cerrar con
honestidad y maestría un ciclo vital. Nos encontramos ante un canto del cisne
plenamente consciente, el último movimiento de un proyecto donde siempre hubo
espacio para el Hard-Rock, pero también para el Blues o la dimensión espiritual
del propio Lynch.
En
lo musical, el disco prolonga el enfoque reciente: sonido orgánico, producción
densa, voces de corte moderno pero sólidamente ancladas en la tradición del
Hard-Rock estadounidense, y una guitarra que continúa resultando inconfundible
desde la primera nota.
El
tema que da título al álbum marca el tono general desde el inicio: riffs
sólidos, energía desbordante y un excelente solo cortesía del maestro Lynch.
Gabriel Colón, por su parte, deja huella gracias a una voz rasgada que gana
fuerza con cada escucha.
A
continuación, “Pictures Of The Dead” apuesta por un pulso rítmico más marcado,
con ese sabor a Hard-Rock clásico que brinda a Colón la ocasión de lucirse en
un estribillo altamente pegadizo. De nuevo, el solo reclama toda nuestra
atención, desplegando otra dosis de magia por parte del protagonista absoluto,
que esta vez opta por matices más atmosféricos.
“Saints
And Sinners” es el corte más veloz del LP, cercano por momentos al Heavy Metal
de Saxon o Judas Priest, pero con un aire claramente contemporáneo. Los agudos
de Colón en el estribillo resultan formidables, al igual que la sucesión de
riffs y solos de un Lynch que hasta aquí ha sabido jugar perfectamente sus
cartas.
Tras
una sólida y serpenteante “Lift Up Your Soul”, perfectamente cimentada sobre
una base rítmica muy seductora, la banda se inclina por un espíritu más bluesy
en la áspera “Love In Denail”, un tema de corazón clásico que destila groove y
buen oficio a lo largo de sus cuatro minutos de recorrido.
La
moderna “Machine Bone” pasa algo desapercibida, con una propuesta que se
percibe fría y, por momentos, repetitiva si la comparamos con otras entregas
recientes del grupo. Bastante mejor funciona “Follow Me Down”, un tema de
Hard-Rock eficaz y tradicional que, aunque tampoco sorprende, resulta más
disfrutable que la pieza anterior.
Es
de agradecer que, tras un par de cortes menos inspirados, Lynch contraataque
con una pieza ambiciosa como “Sea Of Stones”, cinco minutos y medio de
progresiones pausadas, punteos densos y un Colón notable al frente de las
voces.
Lynch
decide poner fin a la historia de este proyecto del modo más introspectivo
posible con “The Stranger”, un tema lento y oscuro que, lejos de caer en
excesos o explosiones finales, nos despide con serenidad. La edición europea,
por cierto, añade como bonus track la alegre y disfrutable “Somewhere” que,
aunque no aporta nada esencial al conjunto, resume bien lo escuchado.
CONCLUSIÓN
“Dancing
With the Devil” no es un disco concebido para impresionar ni para competir con
el pasado glorioso de Lynch Mob o Dokken. Esta obra nace para resumir, de algún
modo, quién es George Lynch hoy: un creador inquieto, espiritual, técnico sin
ostentar, emotivo sin melodrama. No busques nostalgia ni tristeza en esta
despedida, porque no las hallarás. Eso sí: honestidad y buen Rock aparecen en
cada rincón.
Si
esta es realmente la última obra de Lynch Mob, la banda se marcha sin
traicionar su esencia y conservando intacta su dignidad creativa, entregando un
álbum que, más que cerrar un capítulo, lo honra.

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