Cuarenta y cinco años de historia pesan de una manera especial cuando se llevan a las espaldas discos como “Spreading The Disease”, “Among The Living”, “State Of Euphoria” o “Persistence Of Time”. Pesan todavía más cuando durante una década no has publicado un nuevo álbum de estudio. Anthrax tenía muchas maneras de afrontar su regreso, pero ha escogido probablemente la más difícil: no intentar demostrar que siguen siendo los mismos de 1987, sino demostrar que todavía tienen algo que decir en 2026 sin por ello sacrificar su esencia.
“Cursum
Perficio” llega diez años después de una obra de opiniones divididas como “For
All Kings”, convirtiéndose en el intervalo más largo entre dos álbumes de
estudio de la carrera de los neoyorquinos. Una década en la que hubo una
pandemia de por medio, proyectos paralelos, una resurrección de Pantera con
Charlie Benante a la batería, giras y toda clase de circunstancias que
terminaron retrasando un trabajo que comenzó a tomar forma definitivamente en
los estudios 606 de Dave Grohl, en Los Ángeles. Diez años pueden generar
expectativas peligrosas. No nos engañemos. Pero también pueden hacer que una
banda disponga del tiempo suficiente para saber exactamente cuál será su
próximo paso.
El
título, tomado del latín y traducible como «he completado mi viaje», podría
interpretarse como una despedida después de más de cuatro décadas. No lo es. O
al menos no ha habido confirmación del grupo al respecto. La expresión procede
de una frase que estaba grabada en la entrada de la última casa que habitó
Marilyn Monroe y que llamó la atención de la banda. Pero resulta inevitable
escuchar estas canciones bajo el peso de esas palabras. Porque “Cursum
Perficio” sí transmite la sensación de un grupo que se detiene durante un
instante para contemplar el camino recorrido. No para ponerle punto final, ni
para intentar repetir las mismas fórmulas de sus años más gloriosos, sino para
comprobar cuánto de aquel recorrido continúa formando parte de ellos. Como siempre,
la respuesta la hallaremos en el propio contenido sonoro que ya mismo procedo a
desgranar. Aunque no puedo empezar sin confesar la enorme ilusión que supone
para mí poder reseñar un nuevo álbum de una de mis bandas predilectas, a la
cual pude ver por fin hace un par de meses en Lisboa como teloneros de Iron
Maiden.
La
espera termina y nos adentramos de lleno en el disco con una breve pieza
instrumental titulada “Persistence Of Memory”, la cual funciona como una puerta
de entrada especialmente apropiada. El título remite directamente al célebre
cuadro de Salvador Dalí y, al mismo tiempo, establece un puente evidente con su
legendario “Persistence Of Time”. Esta introducción atmosférica, casi
cinematográfica, prepara el cuerpo para el primer golpe certero del álbum.
Aunque en sus primeros compases el riff de Scott Ian pueda despistar, Anthrax
no tarda en sacar a relucir su magia con un tema que, sin apostar ni mucho
menos por el thrash, combina con elegancia el Metal más aguerrido con unas
melodías especialmente brillantes en el apartado vocal. Y es que lo de Joey
Belladonna durante todo el álbum roza lo inhumano. Esta leyenda sí que se
mantiene ajena al tiempo, con unas cuerdas vocales que parecen intactas. De
hecho, para mí uno de los grandes puntos a favor de “Cursum Perficio” es
precisamente Joey porque, lejos de competir con su propia juventud, su voz ha
adquirido una dimensión distinta y más madura desde que regresó al grupo para
“Worship Music”. Si a esto le sumamos una instrumentación contenida pero muy
sólida, con un bajo retumbante, un solo de guitarra de elevada técnica y un
imponente doble pedal que Benante introduce en algunos momentos del corte, creo
que estamos ante una apertura fresca y convincente.
La
primera gran explosión llega con “It’s For The Kids”, el single anunciador del
álbum que pudimos escuchar hace ya bastantes meses y que trae de vuelta el
thrash metal tan personal del grupo. Riffs afilados cortesía de Scott y Donais,
Charlie Benante golpeando sin piedad, Frank Bello haciendo que nuestras tripas
boten al ritmo del bajo y, por supuesto, el incombustible Joey Belladonna,
quien vuelve a lucirse tras el micrófono.
El
nivel sigue aumentando en mi adorada “Everybody’s Got A Plan”, canción que
desde que vio la luz como tercer adelanto del LP no ha dejado de sonar en mi
casa. Estamos ante una de esas composiciones cargadas de groove que captan tu
atención desde ese riff inicial tan técnico como macizo. Un corte que podría
haber formado parte de “Worship Music” o de “For All Kings” por su cadencia más
contemporánea, pero que también esconde matices clásicos en ese
puente-estribillo. Cabe añadir en este párrafo mi alegría al saber que el
videoclip elegido para el tema fue filmado durante el mencionado concierto del
grupo en Lisboa al que pude asistir.
La
experimentación alcanza su máxima expresión en otro de los avances que pudimos
escuchar durante los meses previos a la publicación del álbum. Confieso que
“The Edge Of Perfection” fue un flechazo a primera escucha. Y es que
probablemente estemos ante la composición más ambiciosa del disco. Sus casi
siete minutos permiten a Anthrax desarrollar ideas que difícilmente habrían
tenido cabida en sus álbumes más clásicos. Sobre una percusión deudora del
mejor Black Metal, la banda va tejiendo una pista oscura donde la sección
rítmica no concede descanso alguno y los cambios de ritmo, aunque no demasiado
pronunciados, logran que en ningún momento la atención del oyente decaiga. Y
por encima de todo, una vez más está Belladonna. Su interpretación eleva una
canción ya de por sí notable a una nueva dimensión gracias a una entrega
emocional con la que dota al número de un mayor encanto melódico.
Después
llega “Infectious” (que el título no te engañe…¡es de todo menos pegadiza!).
Durante más de cinco minutos, la banda apuesta por una composición más pesada y
deliberadamente machacona que solamente reduce la intensidad en un acústico
interludio que precede al que probablemente sea el mejor solo de todo el álbum
(honor al gran Donais). Necesito poner en valor aquí el trabajo de Frank Bello
al bajo, cuya forma de tocar siempre me ha parecido una de las claves a la hora
de definir el sonido de Anthrax. En este caso, su instrumento aporta una
densidad adicional que funciona a las mil maravillas. Como muchas veces sucede
con este grupo, sus canciones no siempre buscan el impacto inmediato, sino que
requieren varias escuchas para revelar todos sus detalles.
“NYC
93” cambia nuevamente las coordenadas de la obra y resucita la faceta punk y
hardcore de su etapa noventera (los amantes de “Sound Of White Noise” se
sentirán muy satisfechos) hasta convertirse en una de las canciones más
devastadoras de todo el álbum. Metal callejero y dinámico con una letra
vitalista (“No vale la pena hacerlo a menos que lo hagas hasta la muerte.
Estamos aquí para aprovechar cada oportunidad y vivir nuestros días con tanta
fuerza hasta que la muerte se lleve nuestro último aliento”). Sobre el tercer
minuto de canción, las guitarras y el bajo aportan algo más de densidad con un
pequeño riff macizo que precede al más colorido solo de Donais. En definitiva,
un temazo.
Palabras
mayores para la homónima “Cursum Perficio”. Su comienzo limpio y contenido
prepara el terreno para una composición que crece progresivamente hasta
convertirse, junto a la ya reseñada “The Edge Of Perfection”, en uno de los
momentos más complejos del álbum. Durante más de seis minutos, la oscuridad y
la melancolía nos atrapan. Aunque las melodías imperan, Anthrax se permite
también jugar con riffs más sucios que elevan el corte a otra dimensión, por no
hablar del punzante solo de Donais que ojalá durara un par de minutos más. No
obstante, una vez más hay que arrodillarse ante Belladonna. Su interpretación
es sencillamente espectacular. Hay una gravedad distinta en su voz, de la cual
emana un dramatismo que empasta de maravilla con el tono de la canción.
Me
ha sorprendido mucho leer por ahí que “T.O.M.B.”, acrónimo de “Target On My
Back”, es un tema menos inspirado cuando, al menos para mí, es otro highlight
del álbum. Adoro el enorme legado instrumental que han dejado Frank Bello y
Benante, no lo oculto, pero creo que pocas veces he escuchado una base de bajo
y batería tan bestial y adictiva como la que encontramos en este número. A lo
largo de sus cuatro minutos y pico, la banda apuesta por la densidad y el
headbanging enfermizo, permitiéndose incluir algunos giros rítmicos notables
como el que provoca el riff de Scott Ian en el minuto 2:10. Uno de los temas
que más he escuchado en estos primeros días de vida de “Cursum Perficio”.
Estoy
seguro de que en el más allá Dimebag Darrell y Vinnie Paul están sonriendo al
escuchar “Watch It Go”, toda una sorpresa dentro del álbum por su groove
corrosivo que evoca a los Pantera de “Far Beyond Driven”. Tema pesado, con
pequeños giros rítmicos, voces incómodas y una atmósfera que cada vez se vuelve
más y más claustrofóbica.
Y
llegamos al irremediable final de un álbum de altísimo nivel con “My Victory”,
un tema que bebe del thrash metal de la Bay Area, aunque con el toque tan
personal de Anthrax. El doble pedal y el despliegue técnico de Benante vuelven
a jugar un papel fundamental en este número, al igual que el arsenal de riffs
que Scott Ian saca a relucir a lo largo y ancho de la pieza o el solo de
Donais. El título no podría resultar más apropiado para un tema con el que
cerramos un álbum que se siente como una victoria de la música tras diez años
de espera. Un breve reprise cierra el álbum con la misma garra y magia con la
que lo inició.
CONCLUSIÓN
“Cursum
Perficio” no es “Among The Living”. Y sería absurdo pedirle que lo fuera.
“Among The Living” fue creado por músicos jóvenes que estaban ayudando a
definir un género mientras descubrían hasta dónde podían llevarlo. Casi
cuarenta años después, Anthrax ya no necesita descubrir quién es. Se limita a
seguir componiendo canciones que justifiquen que todavía quiera entrar en un
estudio...¡y vaya si lo han conseguido!
La
grandeza de “Cursum Perficio” no está en intentar recuperar el pasado, sino en
seguir sonando atemporal. A lo largo del LP encontramos el thrash de los
ochenta, la experimentación de los noventa, pero también el groove y el punk
que tanto aman, o las melodías y las estructuras más progresivas que uno podría
imaginarse. Anthrax ha entregado un disco que justifica toda espera, una obra
que mira hacia atrás sin vivir anclada en la nostalgia y que, al mismo tiempo,
demuestra que cuatro décadas y media después todavía queda mucho fuego en el
corazón de estos neoyorquinos.
Diez
años de espera podían haber desembocado en un ejercicio de nostalgia. En su
lugar, nos encontramos con una banda que ha sabido convertir el tiempo en un
aliado y la experiencia en una nueva herramienta creativa. “Cursum Perficio” no
necesita competir con la historia de Anthrax porque ya forma parte de ella.
¡Qué
discazo se han sacado los neoyorquinos!


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