Resulta difícil imaginar un debut en solitario más peculiar que el de Udo Dirkschneider. Cuando el vocalista decidió abandonar Accept en 1987, después de haber contribuido de manera decisiva a convertir a la banda de Solingen en uno de los grandes nombres del heavy metal europeo, no se encontró precisamente ante una hoja en blanco. Lo que recibió fue, en esencia, un disco prácticamente terminado. Todas las canciones de “Animal House”, obra que aquí vamos a analizar, habían sido compuestas por sus antiguos compañeros de Accept, una circunstancia absolutamente excepcional que convierte este álbum en una especie de capítulo perdido de la historia de la banda. Nunca se ha aclarado del todo si aquella decisión respondió a cuestiones contractuales, a una especie de gesto de despedida hacia Udo o a una combinación de ambas circunstancias. Lo único seguro es que el cantante tuvo que limitarse a reclutar una nueva formación, entrar en los Dierks Studios de Colonia y poner su voz a unas composiciones que parecían escritas para prolongar exactamente donde lo había dejado Accept.
Y quizá ahí resida precisamente la grandeza de “Animal House”. Porque, aunque figure a nombre de U.D.O., esto suena a Accept por los cuatro costados. Y no a cualquier Accept, además, sino al de su época dorada, al de “Restless And Wild”, “Balls to the Wall”, “Metal Heart” y “Russian Roulette”. Hay riffs sencillos pero demoledores, melodías de guitarra reconocibles al instante, estribillos diseñados para ser coreados por miles de gargantas y esa combinación tan alemana de contundencia, precisión y sentido de la melodía. Incluso la producción de Mark Dodson, que había trabajado en las mezclas de “Russian Roulette”, contribuye a que la conexión resulte todavía más evidente.
La formación encargada de convertir aquellas composiciones en un álbum de U.D.O. tampoco era precisamente improvisada. Udo reunió a Mathias Dieth y Peter Szigeti a las guitarras, Frank Rittel al bajo y Thomas Franke a la batería. Quizá ninguno poseyera el peso histórico de Wolf Hoffmann, Peter Baltes o Stefan Kaufmann, pero lo importante es que entendieron perfectamente qué necesitaban aquellas canciones. Y al frente de todos ellos estaba una voz que, sencillamente, no podía confundirse con ninguna otra. Udo no necesitaba Accept para sonar a Udo, pero “Animal House” demuestra que Accept tampoco podía desprenderse completamente de Udo. La identidad estaba repartida entre las dos partes.
De hecho, escuchar este álbum tantos años después resulta casi una experiencia arqueológica. Aquí está el Udo que acababa de abandonar Accept, todavía completamente inmerso en el sonido que había ayudado a construir, pero con la posibilidad de comenzar una carrera que terminaría prolongándose durante décadas y que traería consigo buenos álbumes. Aunque, si hay que escoger un disco de toda su trayectoria en solitario como el más logrado, para mí no hay mejor título que “Animal House” (y eso que soy muy fan de “Faceless World” o de los contemporáneos “Steelfactory” y “Touchdown”). Otros trabajos posteriores desarrollarían una personalidad más definida y quizá una producción más contundente, pero ninguno posee la inmediatez, la frescura y la colección de canciones de este debut.
El comienzo no puede ser más revelador de este nuevo capítulo en la vida de Udo. La homónima “Animal House” nos recibe a lo grande de la mano de un riff principal que entra con esa cadencia cortante que podría haber aparecido perfectamente en cualquier lanzamiento de Accept de mediados de los ochenta. Udo se encuentra absolutamente cómodo y el estribillo posee esa cualidad contagiosa que convierte una pieza de heavy metal en un himno. No hace falta reinventar nada cuando se tiene una fórmula tan bien construida y que funciona de maravilla en lo que a acogida por parte de sus seguidores se refiere.
El nivel sube notablemente en “Go Back to Hell”. Y es que, si alguien necesitaba alguna prueba de que Udo había salido de Accept, aquí tenía la confirmación perfecta. Rápida, agresiva y construida alrededor de un riff absolutamente clásico, representa la faceta más acelerada del álbum. Las guitarras mantienen la tensión —honor tanto para Mathias como para Peter en ese solo lleno de técnica— y Udo dispara las frases con esa mezcla de aspereza y autoridad que siempre ha sido una de sus grandes virtudes. El puente coral es de una epicidad indiscutible, así como ese estribillo tan facilón como exquisito.
Aunque pueda parecer algo reiterativa debido a su ritmo marcial constante, “They Want War” resulta interesante, ya que recupera de alguna forma la tradición bélica de Accept. No estamos ante una composición llena de giros o de lucimiento instrumental, sino ante una pieza concebida para que acabes cantando el estribillo con el puño en alto, algo que logra con creces.
El heavy metal más clásico y pesado lo encontramos en “Black Widow”, una pieza cimentada en un riff central contundente y una base rítmica de altos vuelos que, tras unos versos incisivos, nos golpea de lleno con un estribillo directo donde el bueno de Udo se desgañita. Un corte sólido, oscuro y absolutamente ochentero.
Cuando Accept firmaba baladas o composiciones melódicas siempre conseguían enamorarme. “In The Darkness”, pieza que hallamos en este LP, no es una excepción. Sobre una instrumentación deliciosa, Udo canta con tonos desgarradores y dramáticos que demuestran una vez más su versatilidad. Un solemne solo de guitarra pone la guinda al pastel.
“Lay Down the Law” es puro heavy metal germano de los ochenta, con un estribillo que posee esa accesibilidad que permitió a Accept acercarse a un público enorme sin dejar de sonar contundentes. Una canción efectiva y aguerrida, con un gancho que se graba a fuego en la mente desde la primera escucha.
Desde el propio título sabemos lo que nos vamos a encontrar en “We Want It Loud”. Una composición donde no hay espacio para experimentos. Heavy metal crudo y directo, de estructura sencilla y concebido para ser disfrutado a todo volumen. Las guitarras avanzan a un ritmo demencial mientras Udo se deja la garganta en cada verso. Una secundaria de lujo dentro de este LP.
Menos memorables me resultan “Hot Tonight” y “Warrior”, dos cortes que, aunque ofrecen sus momentos disfrutables, dan la sensación de encontrarse un par de peldaños por debajo del resto del repertorio. Ninguno se aleja de la fórmula metalera que domina el LP, pero ambos se sienten menos inspirados que sus compañeras. Cumplen, pero no deslumbran.
Tampoco incluiría “Coming Home” entre las piezas más notables del álbum, aunque sí la considero superior a las dos anteriores que hemos analizado. Su orientación rápida y su energía la hacen más disfrutable y, de hecho, nos acerca al speed metal que Accept ya había desarrollado en cortes icónicos como “Fast as a Shark” o “Losers And Winners”. Udo vuelve a estar especialmente cómodo y las guitarras mantienen una tensión constante que alcanza su clímax en un breve pero muy logrado solo de twin guitars. No está entre mis favoritas, pero sí funciona como penúltimo golpe de energía.
Y para cerrar el álbum, un auténtico himno U.D.O. antes incluso de que U.D.O. hubiera tenido tiempo de construir una identidad propia. “Run for Cover” resume buena parte de lo que hace funcionar “Animal House”: un riff más pesado que el acero, melodía, contundencia, un estribillo que pide ser cantado en directo y una interpretación vocal de Udo absolutamente característica. Es una despedida perfecta para un lanzamiento que, en cierto modo, representa simultáneamente el final de una etapa y el principio de otra.
CONCLUSIÓN
La paradoja de “Animal House” es cuanto menos curiosa. Udo quería comenzar una carrera al margen de Accept y terminó debutando con un álbum que probablemente sea más Accept que algunos de los trabajos que la propia banda publicaría posteriormente. Mientras sus antiguos compañeros se embarcaban en la aventura de “Eat the Heat”, Udo recogía unas canciones que parecían haber quedado huérfanas y construía con ellas el punto de partida de una trayectoria que acabaría siendo tan extensa como la de su antigua banda.
Y eso explica también por qué este trabajo conserva una frescura extraordinaria. No hay una sola canción que parezca diseñada para demostrar que Udo podía hacer algo completamente distinto. Tampoco hacía falta. La personalidad estaba en la voz, y los riffs ya estaban escritos. Lo verdaderamente sorprendente es que aquella fórmula funcionara con semejante naturalidad incluso después de que ambas partes hubieran separado sus caminos.
Con el paso del tiempo, como muchos sabrán, U.D.O. construiría una discografía enorme y desarrollaría progresivamente una identidad propia, en ocasiones bastante distante de Accept. Así pues, “Animal House” es el último gran eco del Accept clásico y, simultáneamente, el nacimiento de una de las carreras más longevas y coherentes de la historia del heavy metal europeo.
Quizá precisamente por eso siga pareciéndome el mejor disco en solitario de Udo Dirkschneider. No necesariamente porque sea el más sofisticado, ni el más personal, ni siquiera el más pesado. Lo es porque contiene una colección de canciones extraordinariamente inspiradas, porque Udo canta en un estado de forma espectacular y porque captura como ningún otro álbum la esencia de aquel Accept que había conquistado Europa.


Comentarios
Publicar un comentario