Cinco años separan “Marrow Deep” (2026) de “Hushed and Grim” (2021). En cualquier otra circunstancia, ese intervalo ya sería suficiente para despertar expectación, pero en el caso de Mastodon resulta imposible acercarse a este noveno álbum de estudio sin tener presente todo lo que ha sucedido durante ese tiempo. La formación que durante veinticinco años pareció inamovible dejó de existir. Brent Hinds abandonó la banda en marzo de 2025 y falleció pocos meses después en un accidente de motocicleta. Brann Dailor perdió además a su madre, y Troy Sanders tuvo que enfrentarse a las consecuencias devastadoras del huracán Helene. Demasiadas pérdidas, demasiadas heridas y, sobre todo, demasiado poco tiempo para asimilarlas antes de entrar en el estudio.
Por eso
“Marrow Deep” no es simplemente el primer disco de Mastodon sin Brent Hinds. Es
el testimonio de una banda que ha tenido que reconstruir su propia identidad
mientras todavía intentaba entender quiénes eran después de semejante golpe.
Nick Johnston ocupa ahora el puesto de guitarrista y João Nogueira se incorpora
a los teclados, pero la palabra “sustitución” resulta demasiado pequeña para
explicar lo que sucede aquí. Johnston no puede ser Hinds porque Hinds no era
únicamente un guitarrista, sino una de las piezas esenciales de ese extraño
equilibrio que hizo de Mastodon una banda imposible de confundir con ninguna
otra. Lo que hacen Johnston y Nogueira es diferente. No intentan reproducir el
pasado, sino aportar nuevas posibilidades a una maquinaria que necesitaba
seguir funcionando. Así que, por favor, que nadie busque herederos o reemplazos
y disfrute de las aportaciones de estas dos nuevas incorporaciones.
Quizá por
eso sorprende tanto que “Marrow Deep” sea, en muchos momentos, uno de los
discos más pesados que Mastodon ha grabado en dos décadas.
Después de
la amplitud progresiva de “Hushed and Grim”, Mastodon ha optado por recuperar
buena parte de la violencia que los convirtió en una de las bandas
fundamentales del metal del siglo XXI. No significa que hayan renunciado a la
experimentación ni a las melodías, ni mucho menos. De hecho, los teclados de
Nogueira incluso abren una dimensión nueva dentro de su sonido. Pero aquí
existe una sensación física que se había ido diluyendo con los años: los riffs
vuelven a golpear, la batería de Brann Dailor vuelve a parecer una criatura
imposible de controlar y Troy Sanders utiliza su voz como si cada palabra
tuviera que atravesar una pared.
También la
portada merece que nos detengamos unos instantes. A nivel conceptual, la
ilustración encaja con la naturaleza sombría y frágil del álbum. Su estética,
delicada y perturbadora al mismo tiempo, consigue que, antes incluso de colocar
la aguja sobre el vinilo, ya exista la sensación de estar a punto de escuchar
una obra marcada por el duelo y por un torbellino de emociones.
Dicho
esto… ¡empezamos a desgranar el LP!
Lo cierto
es que la obra no puede abrir de mejor forma. Si alguien tenía dudas sobre lo
que esta nueva resurrección de Mastodon era capaz de hacer, creo que
“Barbarians Blood” se encargará de eliminarlas. Lejos de introducciones
atmosféricas, la banda entra “a saco” en el álbum con un riff y un trabajo de
batería tan contundentes como inmediatos. Rápidamente, la pieza cambia de ritmo
y nos adentra en una tensión cercana a la de “Oblivion”. Más adelante, gracias
a un trabajo de Brann Dailor tras los parches que es digno de romperse las
manos aplaudiendo, la pista adopta un ritmo frenético. Sin duda, un guiño a los
primeros trabajos del grupo, pero con pequeños elementos que anuncian la nueva
etapa, especialmente los teclados y sintetizadores, que ganan protagonismo
cerca del final. Qué manera de convencer.
“Estamos en peligro
Lo perdemos todo
Mientras el fuego
Quema todo lo que una vez amamos”
“Poisonous
Weapons” continúa por ese camino y profundiza todavía más en la vertiente
metálica del álbum, aunque permitiendo también que las melodías fluyan,
especialmente en el interludio más atmosférico que Dailor lidera con su voz.
Las guitarras se vuelven densas, Troy Sanders ruge desde el fondo de la mezcla
y Dailor vuelve a demostrar que probablemente siga sin existir otro batería
capaz de tocar Mastodon como él. Lo interesante es que, pese a toda esa
contundencia, la composición nunca se convierte en un simple ejercicio de
fuerza. Los cambios de ritmo siguen ahí y las distintas capas mantienen viva la
canción, demostrando que la banda no necesita elegir entre brutalidad y
complejidad.
Llegamos a
la ya conocida “Your Ghost Again”, canción elegida como primer single del disco
y, al menos para mí, una de las más sorprendentes del LP. Estamos ante un
homenaje musical y lírico a Brent Hinds de lo más sentido y personal. Sin
embargo, lejos de tratarse de una balada de duelo, la banda opta por una pista
desconcertante, cambiante y caótica, donde se nos transmite cierta sensación de
desorden, lo cual da pie a esa conversación con el espíritu de Hinds que se
narra en la letra. La combinación de voces de Sanders y Dailor aporta mayor
dramatismo a una composición cuya estructura se descompone en varios momentos
para volver a reconstruirse y golpear. Ese estribillo en el que Dailor habla
sobre volver a ver el fantasma de Brent golpea fuerte a todos los que hemos
seguido al grupo desde sus orígenes. Es una canción de duelo, pero también de
desconcierto.
Confieso
que “Snakes For Dinner” fue un flechazo a primera escucha. Más allá de la
anecdótica colaboración de Josh Homme (Queens Of The Stone Age) en las últimas,
y muy hipnóticas, voces, lo mejor de esta pista es su estructura progresiva y,
al mismo tiempo, agresiva. Las guitarras suenan sucias, los teclados aportan
una dimensión casi alucinógena, la letra vuelve a hacer alusión a Brent Hinds y
los cambios de ritmo están a la orden del día. Como decía en la introducción,
los Mastodon de “Marrow Deep” pueden sonar más pesados que en mucho tiempo,
pero no han dejado de ser una banda progresiva.
"Cuando te fuiste, te llevaste
la luna y las estrellas
Las enterraste en lo profundo del
océano
Cuando te fuiste, te llevaste
nuestros corazones y nuestras mentes
Todo lo que pude encontrar entre la
mugre fueron recuerdos"
“Out Like
A Lamb” introduce un cambio de temperatura necesario. Y es que, después de
cuatro canciones cargadas de tensión, el álbum necesita respirar y lo hace
mediante una composición más melódica y contemplativa. Pero incluso en estos
momentos Mastodon sabe perfectamente dónde colocar la electricidad y, cuando
parece que la canción puede estancarse, Bill nos sorprende con un potente solo
de guitarra que, pocos segundos después, es continuado por João Nogueira tras
los teclados. Una canción de esas que crecen con cada nueva escucha.
Las
emociones afloran en la cambiante “In The Ruins”, una canción inspirada en el
dolor que sintió Troy Sanders y su familia tras perder su hogar por culpa del
huracán Helene. Una pieza que combina versos lentos con otros más afilados, en
los que el propio Sanders se desgañita como si tratara de canalizar su ira
cuando afirma que el dolor nunca se supera, sino que permanece con nosotros
hasta el último suspiro. Los Mastodon progresivos siempre me enamoran.
La segunda
mitad se inicia con “They’re Coming For You”, una pieza que vuelve a introducir
oscuridad a partir de riffs incendiarios, pero también de momentos atmosféricos
que en algunos pasajes generan una sensación casi claustrofóbica. Cierto es que
Mastodon siempre ha sabido utilizar los cambios de compás para provocar
desconcierto, pero aquí esa característica adquiere una dimensión emocional. Un
tema que crece con cada nueva reproducción hasta convertirse en una de las
composiciones más redondas de una obra que, hasta el momento, suena de
maravilla.
Después
llega “Golden Spires”, una de esas canciones en las que resulta evidente hasta
qué punto la incorporación de Nogueira ha modificado el paisaje sonoro del
grupo. Los teclados ya no funcionan como decoración, sino que son parte activa
de la composición y ayudan a construir una atmósfera mucho más amplia. Hay ecos
del Mastodon más progresivo, pero también una madurez diferente. Eso sí. Que
nadie piense que el grupo deja a un lado la distorsión, ya que ambas guitarras
introducen aquí un par de riffs demenciales que son, además, acompañados por
una batería no menos abrasiva. Una vez más, la dualidad de voces de Troy y
Brann (este último firma un par de frases agudas maravillosas) marca la
diferencia.
Y si
necesitaban alguna prueba más de la validez de Nogueira como tecladista,
esperen a escuchar los primeros segundos de “Moth And Bone”. La canción
comienza casi suspendida en el aire, con unas teclas y unos arreglos
instrumentales que podrían pertenecer a una banda de rock progresivo de los
setenta. Durante unos instantes parece que Mastodon va a desaparecer dentro de
esa atmósfera onírica de guitarras acústicas, sintetizadores y voces dobladas.
Pero la banda entra y convierte esa delicadeza en algo mucho más poderoso y
reconocible. Lo hermoso y lo brutal vuelven a encontrarse en el mismo espacio…
y eso nunca decepciona. Una pieza para escuchar repetidas veces debido a su
gran cantidad de matices.
Tras
varios temas algo más suaves, el grupo vuelve a enseñar los dientes con “A
Vampire’s Demeanor”, una de las piezas más agresivas del álbum, especialmente
en el apartado vocal, y una demostración de que, cuando Mastodon quiere sonar
realmente violento, sigue teniendo muy pocos rivales. Las guitarras suenan
atronadoras, la batería golpea con una energía desmedida y la voz de Sanders
suena especialmente rota en esos gritos.
Reconozco
que tenía muchas ganas de escuchar “The Vanishing” desde que me enteré de que
el mismísimo Geezer Butler había grabado el bajo de la misma. Y es que, en
solamente un par de segundos, el fundador de Black Sabbath se saca de la
chistera una línea de bajo oscura y grave que parece sacada de los primeros
álbumes de los de Birmingham. Pese a esos primeros segundos, la banda da rienda
suelta a su vertiente progresiva para firmar una canción espacial que recuerda
enormemente a “Planet Caravan” en esas voces distorsionadas. Los arreglos de
teclado que João introduce más adelante refuerzan el carácter experimental de
una canción que, sin duda, incluyo entre mis predilectas del LP.
Para el
final, la banda se reserva “The Three Fates”, una extensa pieza de casi ocho
minutos de duración que se convierte en la composición más ambiciosa del álbum.
El título hace referencia a las Tres Moiras, figuras imprescindibles de la
mitología griega encargadas de hilar, medir y cortar el hilo de la vida.
Difícilmente podría existir una imagen más apropiada para un disco construido
alrededor de la pérdida, la mortalidad y la necesidad de continuar. Una de las
particularidades de este temazo es la colaboración de Neil Fallon (Clutch),
quien aporta su presencia vocal a un tema expansivo. Hay giros estructurales,
arreglos de teclados, guitarras densas y esa sensación de caos que tanto adora
Mastodon. Cierto es que en algunos momentos puede resultar excesiva, incluso
algo más dispersa de lo que sería deseable, pero creo que cumple como cierre
para un álbum muy interesante.
CONCLUSIÓN
Pese al
duelo y a una sucesión de tragedias, Mastodon confirma con “Marrow Deep” que
siguen estando muy vivos. Cierto es que la ausencia de Brent Hinds está
presente durante todo el disco, aunque no siempre de una manera evidente. Se
nota especialmente en las guitarras. Nick Johnston es un músico extraordinario
y su incorporación aporta precisión, melodía y una manera diferente de entender
el instrumento, pero no intenta convertirse en Hinds. Y eso es exactamente lo
que debía hacer. Hinds tenía una forma de tocar imprevisible, visceral,
psicodélica y muchas veces completamente desquiciada. Su personalidad estaba
incrustada en el ADN de Mastodon. Pretender sustituir eso habría sido
imposible.
Por su
parte, la incorporación de Nogueira al grupo ha sido una bendición. Sus
teclados se han convertido ya en un elemento más dentro del imaginario de
Mastodon, permitiendo al grupo una experimentación mayor.
¿Y qué
decir de Sanders, Kelliher y Dailor? Ellos son los encargados de mantener
latiendo el corazón de la banda. Podrían haber parado tras la muerte de su
amigo, pero decidieron mantener vivo y con mucha dignidad el nombre de Mastodon
con un álbum que, lejos de tener el carácter monumental y deliberadamente
expansivo de “Hushed and Grim”, combina algunos elementos de este con el metal
más directo, compacto y físico de sus obras doradas.
En
definitiva, Mastodon ha hecho lo que mejor sabe hacer: convertir el dolor en
música… y en este caso se ha traducido en una obra monumental que, por encima
de todo, suena a supervivencia y redención.
¡Enormes,
Mastodon!



Comentarios
Publicar un comentario