Llevaba demasiado tiempo queriendo traer a Warlock a este blog. Y es que, aunque no voy a esconder que mi amor por la banda no fue instantáneo, puedo asegurar que con el paso de los años me he convertido en un fiel seguidor de esta leyenda de Düsseldorf. Su figura, su voz, su trayectoria y esa manera de abrirse camino en una época en la que todavía resultaba excepcional que una mujer estuviera al frente de una formación de heavy metal forman parte de una historia que merece ser reivindicada. Cierto es que por aquellos tiempos ya estaban Lee Aaron (otro día hablaremos de ella), Jinx Dawson al frente de Coven o mis siempre reivindicadas Girlschool, pero la irrupción internacional de la Metal Queen resulta difícilmente comparable a la de cualquier otra mujer en aquellos años.
Reconozco
que escribir esta reseña no ha sido sencillo, y la duda estaba en qué disco
escoger. “Triumph And Agony”, publicado en 1987 y mi favorito de Warlock,
parecía la elección evidente. Sin embargo, True As Steel cumple cuarenta años
en 2026 y, además, ocupa un lugar especialmente interesante dentro de la
historia de la banda. Así que, por una vez, he decidido dejar a un lado mis
preferencias personales y apostar por el álbum que me parecía más necesario
reivindicar. Además, estamos ante un discazo mayúsculo, como podrán comprobar.
Antes de
que Warlock conquistara el mundo con “All We Are”, “True As Steel” supuso un
punto de inflexión en la carrera de estos alemanes. Estamos ante el momento
exacto en el que dejaron de ser una magnífica banda de heavy metal para empezar
a convertirse en algo mucho más grande. Para lograrlo, y guste más o menos el
resultado, el grupo suavizó ligeramente la agresividad que había caracterizado
sus dos anteriores entregas, Burning The Witches (1984) y Hellbound (1985),
cuya escucha recomiendo encarecidamente, para conceder un mayor protagonismo a
las melodías que acabarían consolidándose en Triumph And Agony. No me gustaría
calificar True As Steel como un disco de transición, porque ese término suele
utilizarse para referirse a trabajos secundarios dentro de la discografía de un
grupo. A estas alturas, creo que nadie duda de que las piedras sobre las que
Warlock levantaría su siguiente gran obra apenas un año después fueron
colocadas precisamente aquí, en este álbum tan sólido.
Y no, no
estamos ante una obra menor ni anecdótica. Cuando Warlock irrumpió en la
primera mitad de los ochenta, el panorama del heavy metal estaba cambiando a
toda velocidad. La NWOBHM había demostrado que el género podía expandirse mucho
más allá de sus lugares de origen, mientras Alemania comenzaba a construir una
identidad propia alrededor de nombres como Accept, Scorpions, Running Wild,
Grave Digger y Helloween, a los que poco después se sumarían Kreator y
Destruction. Con tantos nombres propios emergiendo en su propio país, lo lógico
habría sido que Doro y compañía tuvieran que conformarse con una popularidad
fundamentalmente local. Sin embargo, la calidad de los álbumes que el quinteto
publicó durante su breve trayectoria (apenas seis años) hizo posible que,
todavía hoy, sigamos hablando de Warlock con semejante respeto. A ello
contribuyeron también la imponente presencia escénica de Doro y ese vozarrón
que ya exhibía por entonces, dos cualidades que ayudaron a transformar la
percepción de lo que podía representar una frontwoman dentro del heavy metal de
los ochenta.
Antes de
adentrarnos en la música de True As Steel, conviene señalar un cambio
importante en la formación. Para la grabación de este LP, Niko Arvanitis se
incorpora a la banda en sustitución de Rudy Graf, que acabaría marchándose a
Rage. Junto a Peter Szigeti, forma una pareja de guitarras que aporta una
riqueza considerable al sonido de Warlock, ampliando las posibilidades de unos
arreglos que empiezan a ganar peso dentro de las composiciones. La formación la
completan los ya conocidos Frank Rittel al bajo y Michael Eurich a la batería.
Mr. Gold
abre el álbum con un riff que deja claro desde el primer instante que, pese a
la aparición de unas armonías vocales novedosas, el espíritu guerrero y
callejero de Warlock seguirá vivo hasta el final de sus días. Hay velocidad,
contundencia y una Doro incendiaria desde los primeros compases, aunque también
demuestra una versatilidad mayor que en el pasado. No se trata únicamente de
pisar el acelerador y desatar toda su potencia, sino de saber contenerse cuando
la canción lo requiere, algo que contribuye a enriquecer su interpretación.
La nueva
estrategia compositiva de Warlock se aprecia especialmente en “Fight For Rock”,
una canción más orientada hacia las tendencias imperantes en los ochenta, con
un estribillo concebido para ser coreado por miles de gargantas y una
estructura general más directa y predecible. No es casualidad que se
convirtiera en una de las piezas que ayudaron a abrirles las puertas del
mercado estadounidense. Su videoclip, además, es todo un clásico de aquellos
tiempos y un magnífico reflejo de la estética que acompañaba a buena parte del
hard rock y el heavy metal de la década.
Decía en
la introducción que las melodías comienzan a ganar protagonismo en este
trabajo, y “Love In The Danger Zone” resulta especialmente reveladora en ese
sentido. Sin perder músculo ni renunciar a los riffs distorsionados, la banda
apuesta por introducir arpegios durante las estrofas, creando un espacio en el
que Doro puede explorar sus registros más dramáticos antes de que el estribillo
vuelva a crecer en intensidad. Un temazo que recuerda, por cierto, a las
composiciones que Dokken empezaba a firmar por aquellos años. ¡Qué década más
especial fueron los ochenta y qué pena no haber nacido en aquellos tiempos!
“Speed Of
Sound” nos devuelve a la vertiente más metálica del álbum. Es rápida, agresiva
y podría haber encontrado acomodo perfectamente en Hellbound. Aunque la
destreza vocal de Doro siempre merece ser destacada, creo que este corte
también exige detenerse en el maravilloso trabajo de Arvanitis y Szigeti a las
seis cuerdas. Ambos van mucho más allá de la construcción de riffs contundentes
y comienzan a introducir armonías, adornos y pequeños detalles que dotan a las
canciones de una profundidad mayor. Es precisamente en estos matices donde se
aprecia cómo Warlock está ampliando su lenguaje musical sin renunciar a las
señas de identidad que le habían permitido hacerse un nombre.
Otro de
los grandes momentos del disco llega con “Midnite In China”, un tema que deja
entrever desde el primer segundo la magia sonora que encontraremos en “Triumph
And Agony”. Tras una introducción marcada por los teclados y una atmósfera de
tintes místicos, la pieza termina desembocando en una composición machacona y
veloz, reforzada por unos coros enormes y una Doro pletórica, especialmente
cuando se mueve por los registros más agudos. Es uno de esos cortes que
permiten comprender por qué este álbum fue tan importante para definir el
camino que la banda seguiría poco después.
La
velocidad vuelve a situarse en primer plano con “Vorwärts, All Right”, una
canción que nos transporta a los dos primeros trabajos de Warlock, en los que
se percibía una enorme influencia de compatriotas como Accept y de referentes
británicos como Judas Priest. Eso sí, todo aparece filtrado por una
personalidad que el grupo ya había conseguido hacer suya y que le permitía
mirar más allá de sus principales influencias. El solo de guitarra de este
corte es una absoluta barbaridad, por cierto.
El tema
título, el mismísimo “True As Steel”, es un himno incontestable que conserva
suficiente acero como para identificar inmediatamente a sus creadores, pero que
también incorpora elementos más accesibles, como ese estribillo coral concebido
para levantar los puños en directo. La combinación funciona de maravilla y
demuestra que Warlock podía ampliar sus horizontes sin perder la contundencia
que había definido sus primeros pasos. Estamos ante un tema enorme que
anunciaba con bastante claridad lo que sucedería apenas un año después con “All
We Are”.
Por su
parte, “Lady In A Rock ’N’ Roll Hell” se adentra como ninguna otra canción del
álbum en los terrenos del hard rock y el glam de la época, evidenciando la
intención de acercarse al mercado estadounidense mediante una composición y un
desarrollo que recuerdan inevitablemente a Dokken, Twisted Sister o Quiet Riot.
Su planteamiento es más desenfadado y se aleja parcialmente de la vertiente más
puramente heavy de la banda, aunque encaja dentro de esa evolución hacia un
sonido más abierto y comercial. Tal vez no sea uno de los cortes más memorables
del conjunto, pero tampoco resulta prescindible.
Llega el
turno de “Love Song”, la inevitable balada que, sin alcanzar las cotas de
grandeza de "Für Immer", nos permite disfrutar de una interpretación exquisita
por parte de Doro. Su manera de afrontar la canción, cargada de sentimiento y
personalidad, evita que termine reducida a una simple pieza romántica de las
que tanto abundaban en aquellos años. No estamos ante uno de los grandes
momentos del LP, pero tanto su desarrollo instrumental como el trabajo vocal
están a la altura y no desmerecen en absoluto dentro del conjunto.
Ya en la
recta final, “Igloo On The Moon (Reckless)” mantiene la faceta más luminosa y
comercial del álbum, con un estribillo de muchos quilates que vuelve a poner de
manifiesto la capacidad de Warlock para construir melodías pegadizas sin
desprenderse por completo de su identidad metálica. A continuación, “T.O.L.”
cierra el recorrido con una pequeña rareza instrumental en la que los teclados
adquieren un protagonismo determinante. Un desenlace cuanto menos curioso para
un LP que nos permite transitar por las distintas facetas de Warlock y
comprender mejor la transformación que estaba experimentando la banda.
CONCLUSIÓN
Los
Warlock de “True As Steel” se desmarcaron con bastante inteligencia de la
contundencia más directa de sus dos primeros álbumes para apostar por un sonido
más próximo a lo que reclamaba el mercado estadounidense. Aunque la jugada
podría haberles salido terriblemente mal, lo cierto es que el disco alcanzó el
puesto número 18 en las listas alemanas y permitió al grupo dar pasos que pocos
años antes parecían imposibles. En el verano de 1986 llegaron a actuar en el
Monsters Of Rock de Donington, compartiendo cartel con nombres como Def
Leppard, Ozzy Osbourne, Motörhead y Scorpions. Para Doro, aquella cita suponía
ganar todavía más visibilidad dentro de un mundo en el que las mujeres seguían
siendo una rareza al frente de una banda de heavy metal. Su presencia en un
escenario de semejantes dimensiones también contribuía a demostrar que el
talento y el carisma no entendían de géneros.
La otra
cara de la moneda de esta expansión internacional fue que, con ella, comenzaron
a aflorar las tensiones internas. Parte de la formación original no estaba
dispuesta a seguir aquel camino hacia Estados Unidos, lo que terminaría
provocando cambios decisivos en la trayectoria del grupo. Doro acabaría
trasladándose a Nueva York y “Triumph And Agony” consumaría aquella
transformación, convirtiéndose además en una obra destinada a perdurar en el
tiempo.
Pero,
volviendo a “True As Steel”, creo que este LP, aunque su recta final pueda
resultar algo más irregular, nos permite disfrutar de un equilibrio muy logrado
entre las dos caras de Warlock. Todavía encontramos a la banda alemana incisiva
y contundente de “Hellbound”, pero también empiezan a cobrar protagonismo los
grandes coros, un hard rock más pulido, los teclados y esa orientación hacia el
rock de estadios que terminaría dando lugar a varios clásicos apenas un año
después. Lejos de ser un simple paso intermedio, el álbum demuestra que el
grupo supo evolucionar sin renegar de sus raíces, adaptando su propuesta a
nuevos horizontes y ampliando sus posibilidades sin perder la personalidad que
lo había distinguido desde el principio.
Es obvio
que “Triumph And Agony” sigue siendo mi LP predilecto de Warlock, pero quería
que la primera reseña que dedicara a la banda estuviera centrada en el trabajo
que hizo posible llegar hasta allí. True As Steel representa el instante en que
todo empezó verdaderamente a cambiar: un punto de inflexión en la carrera de
estos alemanes que acabaría desembocando, poco tiempo después, en una obra
maestra. Cuarenta años más tarde, sigue sonando fresco y conserva intacta buena
parte de su atractivo. Honor para Doro y compañía.


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