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Crónica del Concierto de AC/DC en el Metropolitano, Madrid (16/07/2025)

Tras el primer asalto del pasado sábado, Madrid volvió a vestirse de negro y trueno en la calurosa noche del 16 de julio para una segunda cita con AC/DC en el estadio Metropolitano, dentro de su esperadísima gira Power Up Tour 2025. En un verano cargado de eventos memorables dentro del Rock (gira 50 aniversario de Maiden, despedida de Black Sabbath, la mainstream reunión de Oasis…), pocos pueden competir con el valor simbólico y emocional de ver a Angus Young y Brian Johnson al frente de una banda que, pese al paso del tiempo y las bajas en sus filas, sigue siendo sinónimo de energía cruda, entrega absoluta y comunión rockera con miles de fieles. A esto hay que sumarle la inevitable sospecha de que esta pueda ser la última vez que esta legendaria agrupación nos visite (nadie puede negar que la jubilación de un grupo cuyos principales miembros son ya septuagenarios está más que próxima).

Junto a Brian y Angus, la formación la completan el más que solvente Stevie Young, quien lleva más de 10 años intentando ocupar el enorme hueco que dejó su tío Malcolm (D.E.P.), y dos “fichajes” más que cumplidores como son el poderoso Matt Laug (ex Slash’s Snakepit y Alice Cooper) a la batería, debido a los problemas legales que han alejado a Phil Rudd de los escenarios fuera de Nueva Zelanda, y el gran Chris Chaney (ex Jane’s Addiction) en el bajo, sustituyendo al retirado Cliff Williams. Lo cierto es que, si dejamos la melancolía a un lado —y puedo asegurar al lector que no hay día que no extrañe a Malcolm Young—, Angus y Brian han logrado armar una base rítmica impecable sin alterar un ápice el ADN de AC/DC.

Ya el primer show en Madrid, el pasado sábado, había dejado claro que la ciudad estaba preparada para rendirse a sus pies. Las críticas fueron unánimes: AC/DC sigue arrasando con una vitalidad arrolladora, aunque el sonido del Metropolitano siga suscitando todo tipo de comentarios negativos. Este segundo concierto no solo confirmó esas sensaciones positivas, sino que ofreció una versión aún más compacta, poderosa y afinada de la banda, que se mostró cómoda, sonriente y letal durante más de dos horas de show sin respiro.

Mucho se ha discutido sobre la legitimidad de esta encarnación de AC/DC, especialmente tras la muerte de Malcolm Young y el retiro de Cliff. Sin embargo, anoche, como en cada espectáculo que la banda ha ofrecido entre 2024 y 2025, el debate quedó zanjado: si siguen aquí no es por capricho ni por contrato, sino por una conexión genuina con su público. Angus, incombustible, sigue viviendo cada show como si tuviera veinte años, y Brian Johnson demuestra que los aparatos que ha empleado para poder proteger sus oídos en directo (recordemos que hace 9 años tuvo que dejar el grupo ante el riesgo severo de una sordera total) han funcionado a la perfección y le están permitiendo, no solo seguir ofreciendo unas interpretaciones vocales más que competentes para su prolongada edad, sino disfrutar como nunca de cada show que este ofrece junto al grupo (no deja de bailar y de interactuar durante las canciones, algo que me alegra muchísimo). Tengo claro que nuestro Brian está viviendo uno de los momentos más felices de su vida, al menos a nivel profesional.

THE PRETTY RECKLESS: ROCK CON MUCHA ALMA

AC/DC nunca se equivoca a la hora de elegir a sus teloneros. Tras The Answer, Vintage Trouble o Tyler Bryant And The Shakedown, para este nuevo tour el honor ha recaído sobre The Pretty Reckless, la experimentadísima banda liderada por Taylor Momsen, de la que ya hemos hablado en el pasado en este Blog y que basa su propuesta en un Hard-Rock preciso y atemporal que se ha traducido en una discografía breve pero muy sólida.

Durante casi una hora, y pese a contar con unos equipos de sonido algo humildes, la banda repasó algunos de sus grandes hits como “Make Me Wanna Die”, “Going To Hell” o “Heaven’s Know”, al mismo tiempo que aprovechó para rescatar temas de su más reciente álbum de estudio (“Death By Rock and Roll” fue una apertura de primer nivel para el concierto y “Witches Burn” provocó una enorme interacción entre el público de pista y la propia Momsen), y otro par de perlitas que nos han dejado en los últimos años como la clásica “Take Me Down”, con la que el cuarteto se despidió de un público que le agradeció el hecho de que amenizaran una tarde-noche tan calurosa. Destaco aquí la figura de Taylor Momsen y esa presencia magnética que, junto a una voz donde se equilibran potencia y vulnerabilidad, es capaz de captar tu atención durante el tiempo que ella estime necesario. Una elección más que acertada para calentar motores antes del vendaval australiano.

AC/DC: LOS REYES DEL HARD-ROCK VUELVEN A TRIUNFAR EN LA CAPITAL

Con bastante puntualidad, las luces del Metropolitano comenzaron a apagarse para que la marea de cuernos y de gargantas afiladas diera la bienvenida a los auténticos reyes del Hard-Rock. “If You Want Blood (You’ve Got It)” fue la elegida para abrir una noche inolvidable, apostando así por un arranque feroz y clásico que permitió comprobar desde el comienzo el sorprendente estado vocal y físico en el que se encuentra Brian Johnson, quien no dejó de saltar y moverse por cada rincón del escenario mientras su garganta incendiaria sometía a Madrid. ¿Y qué decir de Angus Young? Solamente necesitó un par de segundos sobre el escenario para comenzar a correr por la pasarela y volver a demostrarnos que la edad es solamente una cifra.

Con la maquinaria perfectamente engrasada, y tras un rápido saludo de Brian Johnson, el Metropolitano se vino abajo cuando las guitarras de Angus y Stevie dibujaron la inconfundible sucesión de acordes de “Back In Black”, himno que cambió la historia del grupo y con la que Brian Johnson demostró allá por 1980 que sería capaz de continuar el legado que el eterno Bon Scott había dejado antes de morir. Y precisamente el propio Johnson merece aquí nuevamente gran parte de los elogios, llegando a unos agudos más que aceptables para su edad. Tras semejantes dos números, Brian pidió al respetable que se hidratara para poder sobrevivir al insoportable calor madrileño y disfrutar al máximo de un show que prometía ser glorioso.

A modo de promocionar un poco el reciente “Power Up”, la banda defendió de maravilla “Demon Fire”, uno de los temas más oscuros y sucios de dicho LP, que permitió disfrutar al máximo de la innegable química musical que se ha creado entre Stevie, Matt y Chris, quienes han conformado una base rítmica que poco tiene que envidiar a la que en su momento desplegaron Malcolm Young, Phil Rudd y Cliff Williams.

Y de un tema nuevo pasamos a la celebrada “Shot Down In Flames”, clasicazo del álbum “Highway To Hell”, que en cada show donde suena es sinónimo del caos más absoluto con su ritmo vacilón. En el efectivo solo, Angus Young no dudó en sacar a pasear por primera vez en la velada su característico duck walk (un préstamo de Chuck Berry que con los años ha terminado por hacer suyo).

¡Cómo rugió el Metropolitano cuando Angus Young se sacó de la chistera el histórico punteo de “Thunderstruck”! Y sí, no tiene la velocidad de antaño y hay algunas notas en las que puede errar (¿quiénes somos nosotros para exigirle la misma destreza a una leyenda que ya tiene 70 primaveras a sus espaldas?), pero la ejecución por su parte y por el resto del grupo fue impresionante. Brian Johnson no dudó en rugir en cada verso y estribillo, creando nuevamente esa simbiosis con el público que solamente AC/DC es capaz de generar.

En un tono más relajado, la banda invitó a los seguidores a brindar por la vida y el Rock con la festiva “Have a Drink on Me”, un tema siempre celebrado y cuyo estribillo fue coreado mientras miles de vasos con cerveza, tintos de verano y otras bebidas eran presentados en un brindis multitudinario.

La campana del infierno que ha acompañado al grupo desde 1980 a modo de no olvidar nunca a Bon Scott (ahora también a Malcolm Young) descendió sobre el escenario para acompañar al grupo durante su impecable interpretación de “Hells Bells”, el momento ceremonial de la velada. Sobre una base instrumental tan potente como hace 45 años, Brian se desgañitó mientras nos aseguraba que “no hace prisioneros”, algo que a estas alturas del concierto nos había quedado más que claro.

“Shot In The Dark” fue la segunda y última referencia del show a “Power Up”. En directo suena más musculoso y fue recibido con entusiasmo pese a su corta vida, lo cual sirve, de paso, para confirmar la enorme calidad de sus obras más recientes.

Una de las grandes sorpresas del repertorio de la gira ha sido la inclusión de mi querida “Stiff Upper Lip” y ese Blues-Rock infeccioso que a principios del nuevo milenio despertó tantos elogios entre la prensa musical. Otro número en el que la banda sonó compacta, pesada, con un groove irresistible.

Casi se cae el estadio cuando el riff principal de “Highway To Hell” comenzó a atronar, convirtiendo al Metropolitano en un auténtico infierno donde la multitud acompañó al grupo en cada verso y estribillo. Habré escuchado la canción un millón de veces, pero jamás renunciaría a volver a escucharla una vez más… eso es lo que distingue a un clásico de un tema del montón.

¿Qué canción podía mantener al público entregado de la misma forma que “Highway To Hell”? Evidentemente, no había mejor elección que “Shoot To Thrill”, uno de mis temas preferidos de AC/DC por la potencia que despliega Brian Johnson aquí, así como por ese glorioso interludio que en directo desarrollan tras el solo de Angus, donde los asistentes no dudaron en acompañar al grupo entre aplausos y gritos, hasta tal punto que Brian Johnson, con su calidez habitual, no dudó en piropear a la audiencia con un “This is Rock and Roll Madrid Style”.

La sensualidad provocativa de la era Bon Scott hizo acto de presencia en mi adorada “Sin City”, temazo del infravalorado “Powerage”, que hipnotizó a la capital con ese tempo engañosamente relajado que te atrapa desde las primeras de cambio. El bueno de Angus no dudó en emplear su corbata para tocar la guitarra y, ya de paso, acompañar al micrófono a Brian en ese célebre verso que dice “Ladders and snakes… ladders give, snakes take”.

A modo de sorpresa, AC/DC reintrodujo en el repertorio “Given The Dog A Bone”, que no sonaba en directo desde el año pasado, y que fue bien recibida por una audiencia que comenzaba a tomar conciencia de la magnitud del concierto que estaban presenciando.

La fiesta volvió a armarse en el estadio con “Dirty Deeds Done Dirt Cheap”, clasicazo de la era Bon Scott cuyo estribillo fue coreado a pleno pulmón por más de 50.000 almas. Brian Johnson, mientras disfrutaba como un niño, sacó a relucir su faceta más teatral en un número que fue rematado por un breve solo de Angus Young y la posterior reverencia del respetable.

Uno de los momentazos de la noche lo puso “High Voltage”, otro hit que se remonta a los primeros años de vida del grupo y que, como viene siendo habitual en los conciertos, contó con una prolongada sección intermedia donde Brian recorrió la pasarela mientras invitaba a los asistentes a bailar y gritar “High!” como si no hubiera un mañana, creando por enésima vez un vínculo único entre banda y afición. Esto es Rock and Roll elevado a su máximo exponente. No trates de entenderlo… ¡disfrútalo!

Los amantes de “Powerage” nos rendimos a los pies de Angus cuando sus manos dibujaron el amenazante riff inicial de “Riff Raff”, uno de los temas más rápidos y ambiciosos de su discografía. La interpretación del quinteto fue tan precisa como visceral, con Angus en modo demonio desatado, corriendo sin rumbo fijo mientras Brian forzaba al máximo sus cuerdas vocales en este exigente numerazo que, para nuestra fortuna, han recuperado durante el Power Up Tour.

El Hard-Rock pegadizo y bailable de “You Shook Me All Night Long”, hit inmediatamente reconocible y celebrado, que no importa cuántas veces lo escuches ya que siempre funciona, fue la antesala de un fin de fiesta lleno de decibelios que estaba a punto de iniciarse.

Primero fue el turno de la gloriosa “Whole Lotta Rosie”, pieza brillantemente ejecutada a nivel instrumental (Angus sigue brillando en ese solo y, por supuesto, en el incisivo riff principal del número), pero con la pequeña pega de los problemas que Brian Johnson experimentó con sus auriculares y que no le permitieron cantar con comodidad después del primer estribillo.

No sería descabellado afirmar que el clímax absoluto del concierto lo provocó “Let There Be Rock”, clásico espídico que dio nombre a mi disco preferido de estos titanes, y que volvió a demostrar que la actual formación de la banda suena igual de poderosa que hace años. Con los problemas en sus monitores solucionados, Brian cantó y bailó como si no hubiera un mañana antes de que un largo segmento instrumental convirtiera a Angus en dueño y señor del escenario, con ese tradicional solo maratoniano con el que recorrió todos los rincones posibles, disparando solos a mansalva a lo largo de la pasarela, pero también sobre una enorme plataforma que lo elevó al cielo de un Metropolitano que solamente podía mirar boquiabierto a este genio tan peculiar mientras daba vueltas en el suelo y, por supuesto, sobre la enorme pared de amplificadores del escenario, donde interactuó constantemente con el respetable, que no dudó en desgañitarse y tratar de emular cada nuevo punteo que nacía de su Gibson SG.

Tras un falso final, llegó la hora de un encore con el que la banda metió el “piloto automático” para terminar la velada con la mayor grandeza. Primero sonó “TNT”, provocando el caos absoluto entre la hinchada, que rápidamente se arrancó con los coros (“Oi! Oi! Oi!”), convirtiendo el Metropolitano en un incendiario campo de batalla.

El fin de fiesta lo puso, como siempre, “For Those About To Rock (We Salute You)” entre cañonazos ensordecedores con los que el grupo saludaba por última vez (al menos de momento) a un público de primerísimo nivel y volvía a dejar claro que en el Hard-Rock hay bandas buenas, bandas grandes, leyendas y, por encima de estos, en el trono, custodiado por cañones, Satán y una legión de fans que les ha acompañado durante más de medio siglo, se encuentra AC/DC.

CONCLUSIÓN

Así llegaba a su fin un concierto al que no puedo privar de la máxima calificación. El sonido fue nítido desde nuestra posición, permitiéndonos así disfrutar al máximo de una banda que ha sabido envejecer sin perder un ápice de la grandeza que ha caracterizado a sus directos. Todos los honores para el incombustible Angus Young y su despliegue de técnica guitarrera vivida con esa intensidad y locura que le distingue, pero por encima de todo, larga vida y un enorme GRACIAS a Brian Johnson por hacer todo lo posible para volver a AC/DC, buscando una solución salvadora para sus problemas de audición que le han permitido ofrecer una actuación de primer nivel teniendo en cuenta sus 78 añazos. Insisto en que el cantante está disfrutando como nunca sobre las tablas, bailando y corriendo como nunca antes por todo el escenario.

Si esta fue la última vez que AC/DC tocó en España, ha sido una despedida a la altura de su historia.

PD: Me voy a permitir finalizar dedicando esta crónica a mi tío, quien hace 10 años hizo todo lo posible para que cumpliera el sueño de ver por primera vez en mi vida a AC/DC. Hace unos meses nos dejó, pero ayer en el Metropolitano lo sentí cerquita disfrutando de la velada conmigo.

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