Calificación: ***** Cuando Venom publicó su debut en 1981, probablemente ni Conrad “Cronos” Lant, ni Jeff “Mantas” Dunn, ni Anthony “Abaddon” Bray podían imaginar hasta dónde llegaría aquella criatura ruidosa, oscura y aparentemente descontrolada que habían puesto en circulación. Cuarenta y cinco años después, y con el bueno de Cronos recientemente convertido en recuerdo, volver a este álbum adquiere una dimensión diferente. Ya no estamos escuchando únicamente a una banda que quería provocar al mundo con su imaginería satánica, sino que asistimos al nacimiento de una forma distinta de entender el metal. Desde que descubrí a Venom, siempre me llamó la atención la gente que los criticaba por no ser tan virtuosos o preciosistas como las grandes bandas de la NWOBHM, o por contar con una producción sucia y poco cuidada. Su propuesta, de hecho, iba precisamente en dirección contraria. Tomaron la contundencia de Black Sabbath, la velocidad y actitud de Motörhead, el espectáculo de Kiss o A...
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