viernes, 7 de abril de 2017

Deep Purple - Infinite (2017)

Calificación:
Todas las bandas, aunque a veces duela, tienen que llegar a su fin en algún momento de sus carreras. A algunos les cuesta más irse, como es el ejemplo de los Rolling Stones, quienes llevan retirándose desde la década de los noventa y todavía ahí siguen tan frescos, a otros no les cuesta tanto y por último están todas esas bandas que de la noche a la mañana se vieron forzadas a poner fin a su carrera por sucesos, en su mayoría trágicos, como les ocurrió a Led Zeppelin con el fallecimiento de John Bonham o a Motörhead con la de Lemmy.

Afortunadamente, Deep Purple no se ha visto obligado a poner fin a su carrera por la muerte de alguno de sus músicos, pero sí parece que el disco que en esta entrada me atrevo a reseñar será el último de su carrera, aunque ya se sabe lo "real" que puede ser esto. Por ahora todo indica que después del Tour promocional que durará un par de añitos, la banda liderada por Ian Gillan pondrá punto y final a más de 50 años de carrera. Este matiz hace de "InFinite" algo especial y muy emotivo.

Es muy difícil resumir en un párrafo o dos lo que ha significado la banda púrpura para la música contemporánea. Y es que hablar de Deep Purple es hacer referencia a uno de los tres pilares fundamentales, los otros dos son Black Sabbath y Led Zeppelin, sobre los que se cimentó el Hard-Rock y el Heavy Metal. Cualquier banda, la que se te ocurra, en mayor o en menor medida tiene en su ADN algo de estos tres gigantes de la música.

Tras unos inicios más psicodélicos, Ian Gillan y Roger Glover fueron reclutados para conformar la segunda, y más famosa, formación de Deep Purple, llamada tradicionalmente la Mark II, que se completaba con los originales Ian Paice, Jon Lord y Ritchie Blackmore. Es en este momento donde la banda lanza de manera consecutiva tres mastodónticos álbumes de estudio como "In Rock", "Fireball" y "Machine Head",  sin tampoco despreciar el notable "Who Do We  Think We Are", y el que probablemente es el mejor directo jamás grabado, "Made In Japan". Clasicazos del género como "Smoke On The Water", "Highway Star", "Child In Time", "Space Truckin'", "Fireball", "Lazy" o "Speed King", entre otras muchas, nacieron en aquellos tiempos. Sin embargo, los problemas no tardaron en aparecer en forma de duelo de egos entre Blackmore, muy famoso por su complejo carácter, e Ian Gillan, lo que terminó costando el despido de este último y de Roger Glover. Con la llegada de los sustitutos David Coverdale y Glenn Highes, se inicia la etapa más funky del conjunto  que deriva en la publicación de tres grandes álbumes como fueron "Burn", "Stormbringer" y "Come Taste The Band", este último con Tommy Bolin a la guitarra tras la marcha de Blackmore harto del Funk y con su nuevo proyecto musical en mente, que terminó llamándose Rainbow (¡vaya banda!).

Pasaron los años y, cuando nadie lo esperaba, la formación clásica volvió a reunirse para parir tres grandes discos que llevaron por título "Perfect Strangers", "The House Of Blue Light", y "The Battle Rages On", aunque entre los dos últimos hubo otro parón provocado por la expulsión, de nuevo, de Gillan y donde la banda publicó "Slaves And Masters" con Joe Lynn Turner como cantante. Las sucesivas peleas de Ian con Blackmore terminaron por quemar al guitarrista, decidiendo marcharse para siempre de la banda púrpura. Steve Morse, antiguo guitarrista de Dixie Dregs, fue reclutado por la banda como sustituto de Ritchie, cuajando una labor en los siguientes álbumes de la banda, que sin ser maravillosos, no decepcionan en absoluto. Es en esta última etapa donde Lord abandona el grupo amistosamente, por culpa de las largas giras y el desgaste que estas le provocaban, muriendo años después, en 2012, tras batallar contra un cáncer.

Tras este repaso a todo tren de una de las carreras más prolíficas dentro de la música, es hora de hablar del Deep Purple de estos últimos tiempos. Si bien es cierto que "Now What?", el álbum más reciente de la banda, tenía algunas canciones flojas que contrastaban con las sobresalientes "Vincent Price", "A Simple Song" o "All The Time In The World",  existían motivos más que suficientes para esperarnos algo bueno de "InFinite", porque a fin de cuentas estamos hablando de Deep Purple y, te guste más o te guste menos, cada disco que sacan no decepciona. Aún así, creo que hay dos puntos fundamentales que debes tener en cuenta, amigo lector, antes de escuchar y seguir leyendo este escrito:

- Si esperas escuchar a unos Deep Purple desmelenados por completo como en la gloriosa época del "Machine Head", mejor no escuches el disco, o cambia la perspectiva. Desde hace un par de discos, los británicos han evolucionado su sonido a un Rock más moderno y melódico, sin perder por ello el buen hacer, la magia y el gusto por lo clásico. Esta evolución se debe, en gran parte, al mencionado cambio de formación definitiva que vivió la banda, especialmente con la marcha de Blackmore por Morse. No voy a ocultar aquí, lo siento si a alguien le molesta, que soy mucho más fan de Ritchie que de Steve, no solo ya por su nivel como guitarrista, sino además en lo que a labor compositiva se refiere. No por ello me olvido de la calidad que atesora Morse y lo bien que lo ha hecho en su estancia en Purple. No es fácil suplir a uno de los más grandes de la historia.

- No vamos a exigirle a estas alturas de la película que hagan un disco 5 estrellas que pase a la historia del género. Esa misión la cumplieron hace ya más de 4 décadas, aunque ya os adelanto que "Infinite" es un disco MUY bueno.

Sin perder más tiempo inicio aquí mi repaso al epitafio de una banda legendaria...el último capítulo de la historia de Deep Purple :

 El telón asciende y aparece en escena el primer tema, y single, del disco. La voz distorsionada y robótica de Gillan anuncia la llegada de la eléctrica "Time for Bedlam". Ha pasado mucho tiempo, pero eso parece no influir en unos dinosaurios del Rock que se siguen sabiendo a la perfección la fórmula de cómo enamorar al oyente con algo de Rock. Hard-Rock directo al oído, con un Ian Gillan magistral al micrófono (nada mal la voz doblada en algunos instantes), la dupla Glover-Paice siempre inquebrantable, y el destacadísimo trabajo conjunto de Steve Morse y Don Airey con sus respectivos instrumentos, derivando  en un interesante intermedio instrumental en el que la guitarra y los teclados se compenetran en un solo impresionante.

Si uniéramos el estilo característico de Deep Purple con el de Led Zeppelin el resultado sería algo MUY parecido a "Hip Boots". Y es que es indiscutible el parecido que la canción tiene, guardando las diferencias, con el clásico zeppeliano "Black Dog", aunque también se me asemeja en algunas partes al "Magic Bus" de los Who. Señor tema, cargado de buenos riffs que, pese a dormirse un poco después del inicio, es rápidamente rescatado con el teclado de Airey y el señor solo de Morse (uno de los mejores que le he escuchado). Si eres fan de Purple seguro que te habrá llamado la atención la conservada voz del maestro Ian Gillan, quien a día de hoy me sigue pareciendo un cantante de otro planeta. Paice sigue marcando el pulso como en tiempos de antaño (tiene un estilo demasiado característico) mientras que Glover mantiene su clase y técnica con el bajo. Demasiado recomendable este corte.

El segundo single del álbum fue la increíble "All I Got Is You". No pasará a la historia de la banda, pero seguramente sea de las mejores canciones que el quinteto ha lanzado en el nuevo milenio. Una canción que no está al alcance de cualquier banda (¡se nota la veteranía y la clase!), con muchos cambios de ritmo y momentos de gran esplendor de cada músico. Además, la atmósfera oscura que rodea el tema lo hace aún más sorprendente. De nuevo destaco a Airey y Morse con sus respectivas armas y a Gillan por su chorro de voz (no está nada mal el "grito" final)  

El nivel sigue siendo altísimo gracias a la curiosa "One Night In Vegas" , una canción sin grandes variaciones que combina el lado más rockero y animado de Black Sabbath con la melancolía del piano de Don Airey, quien se convierte en el protagonista indiscutible de estos tres gloriosos minutos. El breve puente, donde el teclista brilla con luz propia, conecta perfectamente con el sencillo pero directo estribillo que se presenta como aspirante a ser uno de los más coreados durante la nueva gira promocional que hará la banda. Tampoco quiero dejar de estacar el solo de Morse, el sólido bajo de Glover y la solidez de la batería de Paice, quien se desmelena rompiendo los parches desde el primer segundo.  

A todos los rockeros que han escuchado el disco seguro que se les ha quedado una expresión de sorpresa dibujada en sus rostros al escuchar la batería distorsionada en "Get Me Outta Here" . Es una canción que mezcla influencias de reggae con el Hard-Rock más cercano casi al Metal más puro y clásico. Instrumentalmente podría tratarse del corte más sobresaliente de todo el disco, ya que todos los instrumentos suenan frescos, con mucha presencia (Glover lo borda al bajo y Glover hace un solo para enmarcar) y electricidad. Tal vez los versos y el estribillo pueden estar un poco menos inspirados en lo a que línea vocal se refiere, pero Gillan lo terminará remediando con un breve grito de los suyos en el intermedio del corte. Me gusta que las bandas de vez en cuando den sorpresas y esta es una de esas ocasiones.


Cuando pensaba que nunca más lloraría con una canción de Deep Purple surgió de la nada  "The Surprising". Es muy difícil explicar todas las emociones y sensaciones que rondan mi mente cada vez que escucho la que para mí es la mejor canción de los británicos en el Siglo XXI. Una  obra maestra de casi 6 minutos de duración inmersa en una atmósfera oriental, como si del antiguo Egipto se tratara, en el que podremos disfrutar de una oleada de cambios de ritmo.

Un místico inicio de teclados deriva en unos arpegios preciosos de Steve Morse que nos empiezan a avisar de que se aproxima Ian Gillan y su voz tan elegante y siempre capaz de emocionarme. La belleza con la que canta el veterano guerrero curtido en miles de batallas es muy difícil de igualar. Para mí este es el mejor tema del disco, ya que justo después de recibir una exhibición por parte del maestro Gillan, se inicia un afilado instrumental donde destacan mucho más los teclados en su versión más tétrica, Steve Morse, a quien hay que reconocerle que ha hecho una labor inmejorable, sin ningún pero, Ian Paice y su brazo ultrasónico y a ese dinosaurio inmortal del bajo llamado Roger Glover.........¡TEMAZO!

It wasn’t quite the curse of Tut Ankamon.
Or the kiss of death from Judas in the night.
And it felt so far beyond the blue horizon.
Tempting me with transports of delight.
When the devil took my hand and said come along with me.
There I was, wide-awake from dreaming.
Reaching out for something in the sky.
But I could not control that trembling feeling.
Everything I want is slipping by.
Then the devil took my hand said something you should see, come with me.

Temas como "Johnny's Band" siempre son bienvenidos en un disco. Un chute de buen rollo y marcha creado sobre el bajo de Glover, que se convierte en el protagonista del tema, pese al papelón que sus compañeros también hacen. Notable estribillo  y posterior instrumental, de esos que te incitan a levantar tu jarra de cerveza y corearlo hasta quedarse sin aire. Desde el punto de vista lírico, sin llegar a tener la clase del anterior corte, me ha gustado mucho la narración de la historia de una banda de rock creada entre amigos en busca de la fama, lo dura que es conseguirla y lo gratificantes que son los conciertos en pubs.  Canción muy a tener en cuenta.

Para mí, y este aspecto es puramente subjetivo,  "On Top of the World" es la canción más floja del conjunto. El inesperado, y fulgurante, inicio de la canción nos hace mover la cabeza y pasar un buen rato gracias a los riffs cargados de Groove, pero cuando llevas  un rato la canción se hace un poco más repetitiva, sin llegar a aburrir. Me ha gustado mucho el extraño intermedio del corte donde la música se para por completo y en el que Gillan comienza a recitar un texto ambientado por el sintetizador de Airey. Igual que empezó, la  composición finaliza con mucha energía.

Encaminamos la recta final con la recomendada "Birds of Prey". Seguramente no será la mejor canción del disco,  pero desde el punto de vista más técnico e instrumental seguramente sí sea uno de ellos. La distorsionada y doblada voz de Gillan camina sobre una atmósfera extraña y cambiante creada por una banda que lo ha bordado en cada canción del disco.

La última canción del disco es, para sorpresa de todos los fans del conjunto, un cover del "Roadhouse Blues" de los Doors. Ian Paice, quien lo borda en la batería, fue quien propuso al resto de  compis finalizar el disco con este clásico de la banda de Jim Morrison, y fue tal  la buena predisposición que en 15 minutos la canción quedó completamente terminada. Todo suena perfecto, cada nota está en su sitio. Gillan canta en un tono más rebelde y vacilón, mientras nos obsequia con una más que sobresaliente intervención con su armónica, un instrumento que el vocalista domina a la perfección. Los solos de Morse y Airey, respectivamente, son una exhibición que todo amante de la buena música va a disfrutar.

Se ha terminado el disco y, ante la duda de si es realmente lo último que podremos escuchar de Deep Purple, podemos afirmar que "InFinite" es un discazo que supera con creces al "Now What?!" y que, de ser el epitafio de la banda, sería un cierre de oro a una carrera de más de 50 años.

Mejor tema: The Surprising
Tema más flojo: On The Top Of The World

Sin mucho más que decir creo que lo mejor es quitarse el sombrero ante una banda histórica que ha dado tanto a la música contemporánea y que, a día de hoy, siguen rockeando a un nivel altísimo.

Gracias a Ian Gillan, Ian Paice, Roger Glover, Jon Lord, Ritchie Blackmore, Rod Evans, Tommy Bolin, Glenn Hughes, David Coverdale, Joe Lynn Turner , Steve Morse, Don Airey...a todos los músicos que, antes o después, pasaron por esta banda dejando una huella imborrable.

¿Que qué nota le pongo al disco? Bueno...Deep Purple no merecen calificativos a estas alturas de su vida, pero como tengo que ponerle una nota creo que "Infinite" es digno merecedor de un enorme 8, con opción a ser uno de los discos del año. 

¡Gracias Purple! ¡Los viejos rockeros nunca mueren!


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