Pocas guitarras han cambiado la historia de la música como la de Tony Iommi. Desde aquel riff inaugural de “Black Sabbath” en 1970, su manera de entender el peso, la oscuridad y el groove ha servido de cimiento para generaciones enteras de músicos. No hace falta volver a enumerar sus méritos ni levantar otro monumento a su figura. Basta con escuchar unos segundos de su guitarra para reconocer un sonido que pertenece únicamente a él. Sin embargo, después de tantos años de carrera, de despedidas que parecían definitivas y de una trayectoria compartida con algunos de los vocalistas más importantes del rock, recibir un nuevo álbum en solitario del guitarrista británico sigue siendo motivo de celebración. Más aún cuando “From The Dark” llega en un momento en el que la ausencia de Ozzy Osbourne pesa de una manera inevitable.
La
historia de Iommi y Black Sabbath ha atravesado distintas épocas, voces y
direcciones musicales, pero siempre ha existido un elemento capaz de
mantenerlas unidas: sus riffs macizos y sus solos inconfundibles. En esta
ocasión vuelve a demostrarlo a través de ocho composiciones que miran
especialmente hacia la etapa de Ronnie James Dio y los años de Tony Martin,
recuperando esa combinación de oscuridad, melodía, épica gótica y contundencia
que permitió a Sabbath evolucionar sin renunciar a sus raíces. No estamos ante
un intento de reproducir el pasado nota por nota, sino ante un músico que
conoce perfectamente su lenguaje y todavía encuentra nuevas maneras de
expresarlo. La guitarra continúa llevando las riendas, pero las canciones
poseen suficiente personalidad para no depender exclusivamente del prestigio de
quien las firma.
Para dar
forma a esta aventura, Iommi ha cumplido el deseo de miles de seguidores al
contar con un icono como Jørn Lande como compañero de viaje, una elección que
se siente especialmente acertada. El vocalista noruego reúne la potencia, el
registro y el dramatismo necesarios para moverse por este territorio sin caer
en la imitación servil de Dio, aunque las comparaciones resulten inevitables.
Su interpretación combina rugosidad, melodía y una extraordinaria capacidad
para elevar los estribillos, mientras la bajista Becky Baldwin y el batería
Karl Brazil proporcionan una base sólida, dinámica y contundente. A los mandos
de la producción encontramos a Mike Exeter, cuya aportación resulta decisiva a
la hora de construir ese paisaje sonoro en el que las guitarras pueden resultar
aplastantes sin perder definición.
Pero
detengámonos un momento en esta colaboración entre Tony Iommi y Jorn Lande.
Aunque pocos lo sepan, lo cierto es que este disco supone el desenlace de una
historia que comenzó en 2004, cuando ambos trabajaron juntos en unas primeras
maquetas que nunca llegaron a convertirse en un álbum. Las circunstancias, las
decisiones discográficas y, finalmente, el regreso de Ronnie James Dio para
resucitar Heaven & Hell y grabar “The Devil You Know” dejaron aquel
proyecto en suspenso. Más de dos décadas después, esas canciones pendientes
encuentran por fin su lugar.
El propio
Lande, a quien tuve la suerte de entrevistar dos semanas antes del lanzamientodel LP, me contó que, aunque durante años llegó a pensar que aquella
colaboración nunca se materializaría, Tony siguió escribiéndole de vez en
cuando para recordarle que algún día harían un disco juntos. «Ahora me alegro
de que las cosas no sucedieran entonces», reconocía el noruego, convencido de
que las circunstancias terminaron situándolos en el momento adecuado. Y no
cuesta entender la emoción que Jorn confesó sentir al trabajar junto a un
artista al que inicialmente solo admiraba, pero al que ahora también considera
un gran amigo.
Al
parecer, la química entre ambos músicos surgió desde el principio. Según me
explicó, las dos primeras composiciones fueron «Beyond The Dead» y
«Stormwatcher». Aquellas canciones hicieron que Tony reconsiderara sus planes
iniciales, en los que había barajado la posibilidad de contar con varios
vocalistas y dar más espacio a los instrumentales. Tras escuchar lo que estaban
creando juntos, terminó imponiéndose la idea de construir una banda con
identidad propia. La decisión resulta acertada, ya que el álbum gana cohesión
gracias a la presencia de un Lande que, dicho sea de paso, ha desempeñado un
papel muy importante en el proceso de composición, especialmente en el apartado
lírico. El cantante confesó haber disfrutado de total libertad creativa para
desarrollar diferentes temáticas, que abarcan desde la existencia y las
dificultades hasta el paso del tiempo. «Para Tony y para mí es importante que
la música nazca de nuestro interior», me decía. Esa convicción atraviesa el
álbum de principio a fin.
¿Cómo no
nos va a gustar un álbum que arranca con un tema de la majestuosidad de “Over
The Violent Sun”? Desde el primer segundo, Iommi nos somete al poder de un riff
serpenteante que parece abrir las puertas del mismísimo infierno. Poco después
emerge un colosal Jorn Lande, que canta con autoridad, sin necesidad de
calentar motores y dejando claro que pocos vocalistas habrían encajado tan bien
en este proyecto. Metal denso e imponente, con un constante diálogo entre la
voz y la guitarra, que alcanza su punto culminante en un solo donde Tony, como
lleva haciendo más de 50 años, nos recuerda que no necesita correr sobre el
mástil para dejarnos boquiabiertos.
Y si el
primer corte ya resultaba contundente, espera a escuchar “Black Times” y su
atmósfera todavía más inquietante. El riff principal remite a la faceta más
lúgubre y opresiva de Black Sabbath, machacando con crudeza desde la base y
dando pie a que Jorn despliegue sus registros más expresivos y dramáticos. A
medida que avanzan los minutos, la composición gana intensidad hasta
desembocar, poco antes de alcanzar el cuarto minuto, en un riff algo más
acelerado que sirve de antesala para un breve pero vibrante solo del maestro.
No olvidemos que, ya en el segundo minuto, había firmado un punteo más pausado
y con ciertos matices progresivos. También merece atención el trasfondo de la
letra, que evoca un mundo fracturado por la desigualdad, la opresión y la posibilidad
de escapar de un planeta condenado. No hace falta convertirla en una profecía
para reconocer que su inquietud conecta con demasiadas realidades del presente.
Tema mayúsculo.
A estas
alturas, pocos dudan de que “World Alone” fue una elección más que acertada
como primer sencillo. Después de dos piezas más pesadas, Iommi provoca un giro
sonoro de 180 grados y nos conduce hacia un metal más veloz que nos retrotrae a
“Dehumanizer”, aunque con una producción más contemporánea. Lande está
pletórico al micrófono, rugiendo como un salvaje en los versos y alcanzando
notas punzantes en el adictivo puente-estribillo que vertebra la canción. El
solo, cargado de ese carácter expresivo que siempre ha distinguido al
guitarrista, vuelve a situar la melodía por encima de cualquier demostración
técnica. En el plano lírico, el tema se convierte en un canto a la fortaleza
interior y a la capacidad de enfrentarse al mundo por cuenta propia. Heavy metal
clásico para alegrarnos la vida.
Alcanzamos
la primera mitad del álbum con una de sus composiciones más sombrías. Llega el
momento de disfrutar de “Beyond The Dead” y de ese metal solemne que Iommi
desarrolló junto a Black Sabbath y Heaven & Hell. Cinco minutos de riffs
macizos y un tono fúnebre terminan dando forma a una atmósfera desoladora, de
esas que parecen no dejar resquicio alguno para la esperanza. Palabras mayores
también para la masterclass vocal que nos regala Mr. Lande, desplegando sus
dotes teatrales y alcanzando notas que parecen inhumanas. No estamos ante una
canción de grandes cambios rítmicos, pero sí ante una pieza de una solidez y
una crudeza dignas del padre del heavy metal.
Para quien
esto escribe, la ya conocida “Stormwatcher” es la composición que concentra
buena parte de la magia de este encuentro. Jorn me confesó que se encuentra
entre sus favoritas y explicó que la letra gira en torno al viaje de la vida,
la oscuridad, los obstáculos y la lucha por sobrevivir. Para plasmar esas ideas
recurrió a imágenes marineras: el ser humano como capitán de su propio barco,
disparando sus cañones contra las dificultades y avanzando entre las olas. La
metáfora encaja a la perfección con la naturaleza épica del tema, levantado
sobre uno de los riffs más poderosos del disco, que vuelve a sentirse como un
primo hermano de las canciones de “The Devil You Know”. La guitarra de Iommi
despliega aquí una fuerza extraordinaria, aunque creo que el resultado gana
todavía más enteros gracias a la forma en que Jorn construye sus melodías
vocales e interpreta esta maravillosa letra sin perder cercanía ni
autenticidad. Un solo pausado, pero siempre amenazante, pone la guinda a una de
las mejores canciones del LP.
“Death
Wake” se construye alrededor de un riff oscuro y de una interpretación vocal
que permite a Lande explorar diferentes registros, desde la contención hasta el
dramatismo más expansivo (¡qué bueno es!). Sin embargo, uno de sus grandes
atractivos reside en la participación de Brian May, cuya guitarra se
complementa de maravilla con la de Iommi. No estamos ante una colaboración
concebida para el lucimiento técnico de sus protagonistas, sino ante una
aportación en la que el veterano guitarrista de Queen se integra plenamente en
la atmósfera depresiva de la canción y añade matices a una composición que va
creciendo hasta alcanzar una intensidad considerable. Un corte pausado, que
requiere varias escuchas para apreciar todos sus detalles, pero que ha terminado
convenciéndome enormemente.
Después de
varias composiciones dominadas por la atmósfera y el desarrollo, se agradece la
descarga eléctrica de “Return Of The Arbalist”. Nos encontramos ante una
canción más dinámica dentro de la oscuridad dominante, de estructura clásica,
con un riff contundente, una melodía hipnótica y un solo exquisito. Lo he dicho
en varias ocasiones a lo largo de esta reseña, pero resulta inevitable volver a
quitarse el sombrero ante Jorn Lande y su manera de interpretar estas
canciones, con esa mezcla de épica, dramatismo y elegancia que lo ha consagrado
como uno de los grandes vocalistas de los últimos 30 años. Puede que este corte
no alcance la profundidad emocional de los mejores momentos del disco, pero
tampoco lo necesita para convencerme. A fin de cuentas, cumple perfectamente
con su cometido: romper con la densidad general del LP y aportar un necesario
cambio de ritmo.
El cierre
llega con “Legacy”, una composición que resume de maravilla todo lo que hemos
catado a lo largo de “From The Dark”. Su desarrollo es pausado, pero nunca
estático. Durante siete minutos, Iommi teje una pieza envolvente en la que la
densidad comparte escenario con pasajes más delicados, mientras Lande ofrece
una última interpretación cargada de virtuosismo. Mención especial merece ese
solo de guitarra acústica que Tony incluye en el tema, evocador del que
encontramos en “Take Me Home”, de Black Sabbath, y que genera un contraste
sublime entre la distorsión y los sonidos más limpios. En su tramo final, la
composición recupera parte de su fuerza hasta desembocar en un desenlace
expansivo que pone el broche a esta aventura.
CONCLUSIÓN
Creo que,
a estas alturas de la película, nadie esperaba que “From The Dark” compitiera
con los grandes clásicos de Black Sabbath. Sin embargo, aunque aquellos tiempos
resulten insuperables, las ocho canciones que nos presenta el maestro Tony
Iommi no solo son notables, sino que constituyen una continuación digna del
legado que este genio de la música ha ido construyendo a lo largo de las
décadas.
Más allá
de los riffs y de una producción sobresaliente, también hay que poner en valor
la aportación de Jorn Lande, que se revela como el compañero ideal para este
nuevo capítulo en la historia del guitarrista de Birmingham. Puede que algunos
pasajes resulten familiares para quienes conocen al dedillo la discografía de
Iommi, pero esa familiaridad no tiene por qué ser un defecto cuando las
composiciones están construidas con semejante oficio y convicción. Aquí
encontramos ecos de Dio, de Tony Martin y de distintas épocas de Sabbath, pero,
por encima de todo, prevalece una personalidad musical que nadie más podría
reproducir.
“From The
Dark” es un regreso discográfico a la altura del padre del heavy metal.


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